La UE se queda sin intérpretes francófonos
Las instituciones de la Unión Europea han lanzado una campaña dirigida a los jóvenes francófonos para animarles a estudiar interpretación de conferencias ya que la Comisión Europea teme que se produzca una falta de intérpretes de francés en los próximos 5 ó 10 años.
De hecho el miércoles pasado empezaron a emitir un vídeo que explica la labor de los intérpretes de conferencias, dirigido principalmente a los jóvenes de Francia, Bélgica y Luxemburgo y preparado por el servicio de interpretación de la Unión Europea, junto con el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia Europeo.
Teniendo en cuenta la futura inauguración del nuevo edificio del Consejo en 2013 y la inminente construcción de un gran centro de convenciones para la Comisión en Bruselas, se prevé la contratación de 200 intérpretes de conferencias de francés en los próximos 10 años. Si no se consigue formar a un buen número de intérpretes cualificados, la Comisión piensa que en los próximos 10 años las instituciones de la UE perderán prácticamente a la mitad de sus intérpretes francófonos por jubilaciones. De hecho, apuntan que los delegados francófonos corren el riesgo de no poder participar en los procesos de toma de decisiones en igualdad de condiciones. La falta de intérpretes cualificados parece que será también notable en otros idiomas como inglés, alemán, italiano y holandés.
En la actualidad, las instituciones de la UE emplean los servicios de 335 intérpretes de francés, y 132 de éstos trabajan de forma regular para la DG de interpretación (sólo 59 son permanentes). La Comisión calcula que tendrá que contratar a 2 ó 3 intérpretes permanentes por año entre 2009 y 2020 para poder cubrir sus necesidades, ya que hay que tener en cuenta que el 75% de todas las reuniones de la UE se interpreta al francés, incluidas casi todas las que se celebran en el Consejo, el Parlamento y el Tribunal de Justicia.
Intérpretes jubilados o intérpretes expertos
Aurora Humarán acaba de poner una noticia muy interesante en el foro NdT.
El defensor del pueblo europeo, Nikiforos Diamandouros, critica la discriminación que sufren los intérpretes autónomos mayores de 65 años en la Comisión.

Parece ser que la queja formal procede de un intérprete belga que llevaba trabajando más de 35 años como autónomo para la Comisión y para el Parlamento (del holandés, inglés, alemán, italiano y español hacia el francés) y que al cumplir 65 años dejó de recibir ofertas de trabajo, a pesar de su manifiesto interés por seguir ejerciendo la profesión.
El Defensor del pueblo solicitó a la Comisión y al Parlamento que abandonaran dicha política discriminatoria, y tan solo el Parlamento aceptó las recomendaciones del Sr. Diamandouros y cambió su política que ahora se basa solamente en la capacidad profesional de los intérpretes. Sin embargo, la Comisión rechazó las recomendaciones, alegando que si trata a los intérpretes autónomos mayores de 65 años de manera diferente es para poder dar oportunidades a los intérpretes más jóvenes.
El informe especial completo, así como las recomendaciones , se pueden consultar en la página del Defensor.
De oradores e intérpretes
En la Sección “5 Sentidos”, del periódico CincoDías, Bernardo de Miguel publica un artículo sobre la interpretación simultánea y habla –desde el punto de vista de organizadores y participantes de conferencias o congresos multilingües– de la necesaria comunicación entre oradores y organizadores haciendo hincapié en el papel mediador del intérprete y de todo aquello que hay que tener en cuenta para que el intérprete pueda realizar una faena aseada: El mejor intérprete es el que no se nota y el mejor orador es el que no obliga al intérprete a improvisar refranes o leer definiciones en un idioma que no es el suyo, por ejemplo.
Hablar con traducción simultánea exige una técnica especial
Basta! Enough! La traducción de esta exclamación puede ser casi instantánea aunque no se dominen completamente el español y el inglés. Pero ‘la gota que colma el vaso’ exige, además de un intérprete profesional, enormes reflejos para expresar en otro idioma una idea similar. Y aun así, tal vez el refrán traducido despiste a los oyentes o les aleje de la intención inicial del orador. La culpa de esos malentendidos, sin embargo, casi nunca es del traductor. La falta de pericia del interviniente suele ser la causa más probable.
‘Nuestra experiencia indica que la capacidad de comunicación de los participantes tiene una importancia clave en las reuniones multilingües’, señala la Dirección general de Interpretación de la Comisión Europea. Y esa institución sabe de lo que habla porque organiza cada año más de 11.000 reuniones con interpretación simultánea hasta en 20 idiomas.
La CE recomienda que los asistentes a encuentros donde se manejan distintos idiomas preparen de antemano la estrategia necesaria ‘para garantizar que el mensaje llega a los destinatarios’. Sus consejos resultan casi de obligado cumplimiento para las delegaciones nacionales que a diario negocian en Bruselas asuntos extremadamente técnicos y de importancia capital para su país. Ignorarlos puede acarrear una humillante derrota política o diplomática. Pero el consejo puede aplicarse a cualquier reunión empresarial multilingüe.
‘La primera recomendación es que se hable siempre que se puedan en la lengua materna, porque se presentan mejor los argumentos y se es mucho más convincente’, explica Javier Hernández-Saseta, intérprete español de la Comisión Europea de francés, inglés, italiano y portugués desde 1992. En las cabinas de interpretación, en efecto, los ceños se fruncen cada vez que un orador se arriesga a debatir en una lengua distinta a la suya, es decir, casi siempre en inglés.
‘A veces se hace por cortesía hacia el interlocutor, otras porque el vocabulario técnico es ya en inglés, pero el resultado es siempre el mismo: pérdida de comunicación’, advierte Antonio Garzón Joli, intérprete de español, francés, inglés y portugués de la Oficina Lingüística Española, una plataforma de intérpretes independientes con sede en Bruselas. Garzón considera especialmente peligrosas las piruetas lingüísticas durante los procesos de negociación: ‘Se puede perder algún detalle o matiz trascendental’.
Pero hablar en la lengua materna tampoco basta para evitar los riesgos de que el mensaje se diluya desde el micrófono al auricular del interlocutor. Los oradores deben tener presente en todo momento que sus palabras llegan al interlocutor a través de un intermediario eficaz, pero no infalible.
‘Los intérpretes no somos máquinas, somos humanos’, recuerda Elena Montiel, traductora jurada por la Universidad de Alicante. ‘Los que hablan deben saber que si lo hacen muy deprisa, incluso quienes hablan su lengua tienen dificultad para seguir su razonamiento’.
La velocidad excesiva se convierte en obstáculo casi insalvable para el intérprete si el orador, además, lee su intervención. ‘Nos viene fatal, porque la lengua escrita es mucho más sofisticada que la hablada’, señala Hernández-Saseta, que aprovecha para resaltar una de las principales diferencias entre traductor (escrito) e intérprete (oral). ‘Ellos son mucho más puristas, porque disponen de más tiempo para buscar la palabra exacta. Lo nuestro es instantáneo’.
Y multidisciplinar. Garzón, por ejemplo, se ha puesto los cascos en Kuala Lumpur (Malaisia) para la cumbre del Movimiento de países no alineados en 2003 y sólo un años antes, en Bruselas, interpretaba disertaciones ‘freudianas’ en el Congreso Mundial de Psicoanálisis Lacaniano. Dentro de unos días prestará sus servicios a los especialistas en la enfermedad de Fabry, un trastorno genético hereditario todavía poco conocido.
‘Nos ayuda mucho si con dos semanas de antelación los organizadores nos envían la documentación, glosario o vocabulario del que dispongan sobre el tema’, señala Garzón. Todo ese bagaje permitirá que el intermediario consiga el anonimato que reivindica Hernández-Saseta: ‘El mejor intérprete es el que no se nota’. Y el mejor orador, el que no obliga a su traductor a improvisar refranes sobre vasos que rebosan. Una imagen, por cierto, que en inglés evoca el lomo de un rumiante con joroba: ‘The straw that broke the camel’s back’. Nada que ver con la gota.
‘Hace falta la complicidad del cliente’
‘La interpretación es una relación de mutua confianza’, subraya Javier Hernández-Saseta, intérprete de la Comisión Europea. ‘Hace falta la complicidad del cliente’. Para crearla, advierten los especialistas, resulta imprescindible el contacto visual entre el intérprete y su cliente durante el proceso de traducción. Pero los intérpretes también agradecen conocer en persona a quienes utilizan sus servicios, para saber con exactitud sus necesidades.
vía: CincoDías
