El intérprete portátil
En no pocas ocasiones he hablado de lo que cariñosamente llamo modalidad simultánea andante (o navegante), es decir interpretación simultánea con cascos y micrófono pero sin cabina. Para esta tarea tan compleja –pero gratificante– se suele emplear la maleta de intérprete, es decir, un equipo portátil de interpretación que resulta especialmente adecuado en numerosas ocasiones en las que se requiere interpretación simultánea fuera de la cabina. Se trata de un sistema ideal para pequeñas reuniones, visitas a empresas, o salidas de campo ya que estos equipos no necesitan ningún tipo de instalación, conexión o cableado. Al no utilizar cabinas de interpretación, el sistema suele utilizarse de manera unidireccional para interpretar las explicaciones del orador en una visita, pero no es factible el diálogo o el debate, por razones obvias.
El intérprete, que va equipado con unos auriculares cerrados con protectores de oído, diseñados para aislar –lo máximo posible– al intérprete del ruido ambiente, escucha las explicaciones del orador (que lógicamente usa el correspondiente micrófono). Los participantes, a su vez, llevan unos audífonos inalámbricos para escuchar al intérprete en los que pueden seleccionar el canal (idioma) y ajustar el volumen. Normalmente el rango de recepción de estos sistemas es aproximadamente de 100 metros al aire libre, y de 50 metros si es en interiores; con lo cual en una sala grande, el intérprete puede situarse en el fondo e interpretar sin necesidad de cabina y en el campo puede ir interpretando también sin necesidad de seguir de cerca al orador.
El uso de este sistema portátil supone una traba más a la ya de por sí difícil tarea del intérprete; por los ruidos, por el movimiento continuo del orador y del intérprete, por la bidireccionalidad, etc.; pero a pesar de esos obstáculos, la simultánea andante es además (si las circunstancias lo permiten) una magnífica oportunidad para preguntar, para aclarar conceptos o entender mejor las explicaciones teóricas, al fin y al cabo es una manera de trasladar la información de una conferencia a una realidad palpable, de convertir las letras o cifras de una gráfica en una simpática oveja churra, por ejemplo.
Endibias y serendipias
Quien me iba a decir a mi que en una nueva experiencia de simultánea andante sobre erosión y desertificación me iba a enterar del misterioso origen de las endibias (Cichorium intybus). Misterioso al menos para mí que hasta entonces creía que las endibias crecían en las huertas cual vulgares lechugas. Pues no. La historia de las endibias se remonta a época de los egipcios, griegos y romanos que ya consumían las hojas verdes en ensaladas o cocidas y utilizaban las raíces en aplicaciones medicinales. Así durante siglos fueron utilizadas las formas silvestres de endibia. Fueron los siglos XVII y XVIII, cuando empezaron a introducirse nuevos usos y técnicas de cultivo, pues en Francia y Países Bajos eran muy apreciadas las ensaladas con hojas de endibia blanqueadas al aire libre.

A mediados del siglo XIX es cuando aparece el cultivo de las endibias o achicorias de Bruselas (Witloof, en inglés) que conocemos actualmente. Este descubrimiento fue totalmente casual, pues un tal M. Beziers, empleado del jardín botánico de Bruselas, percibió que en un excedente de producción de achicoria que guardaban almacenado en unos graneros, protegidos del frío y la luz, salían unos brotes acogollados con forma alargada, eran tiernos y muy blanquecinos. Al probarlos, notaron un sabor algo amargo pero agradable y decidieron empezar a estudiar una técnica para su producción. A base de varias selecciones y años, se consiguió que su amargor se redujera, obteniendo las variedades que hoy en día conocemos. Sus cultivos son muy extendidos en Francia, Holanda, Bélgica, etc. En España su cultivo se concentra principalmente en Navarra.
Hay varios tipos de endibias según el cultivo. Las forzadas*, de característico color blanco ya que crecen protegidas de la luz y con unas especiales condiciones de humedad y calor, y las no forzadas, de color verde, que al no privarles de luz, adquieren este color, y finalmente está la roja o radicchio que se somete parcialmente a la luz para así conseguir ese color tan característico, rojo con matices verdosos.

*El cultivo de las endibias comprende dos fases: la formación de las raíces. y el forzado para la obtención de pellas de hojas blanquecinas. Puede emplearse como sustrato la turba o el cultivo hidropónico. Actualmente se emplea la hidroponía, pues se obtienen mayores producciones, de mejor calidad y con las pellas más limpias, lo que facilita las labores de manipulación de postcosecha.
Vía: Infoagro

