Prohibido dormir al oyente
Según los especialistas, la voz de un orador –y por ende la de un intérprete– debe reunir una serie de requisitos: calidad, alcance, intensidad, claridad, pureza, resistencia y flexibilidad. Muchos de estos requisitos son innatos, pero otros se pueden adquirir a través de la práctica constante.
La flexibilidad hace referencia a la capacidad de variar el tono, la intensidad, el alcance, la velocidad, la entonación y las pausas, para darle una fisonomía variable y atrayente a la voz.
No hay nada más contrario a la comunicación y más irritante que un conferenciante o un intérprete con voz monótona, y que no se modifica a lo largo de una intervención. No solo distrae la atención del público, sino que provoca aburrimiento, falta de atención y el desinterés del público por la conferencia.

La Revista de Traductología TRANS (que difunde trabajos científicos relativos a aspectos históricos, teóricos, metodológicos, didácticos, descriptivos y prácticos de todas las manifestaciones de la interpretación y traducción de lenguas, de la traducción intersemiótica, del contacto y choque de culturas y de la retórica comparada) publicó en el año 2001 un interesantísimo artículo de Ángela Collados Aís (de la Universidad de Granada) sobre los efectos de la entonación monótona sobre la recuperación de la información en receptores de interpretación simultánea. Muy recomendable.
