Gesticular en cabina sin remordimientos
Cuando estoy interpretando una ponencia compleja o técnica, suelo gesticular y mover las manos de una manera especialmente exagerada, algo que intento controlar cada vez más, aunque no siempre con éxito. La verdad es que siempre pensé que era cuestión de latitud o de cultura, que se debía a mi condición de española, de mediterránea …. porque al observar a colegas de otras nacionalidades advertía que el grado de movimiento, de alharacas o de aspavientos era mucho más marcado en italianos, griegos, etc. que en intérpretes del norte de Europa u orientales. Al igual que me pasaba con los garabatos, siempre me había preguntado el porqué de esa costumbre y de nuevo la psicología tiene la respuesta.
Susan Goldin-Meadow es profesora de psicología en la Universidad de Chicago y experta en el lenguaje y la comunicación a través de los gestos. Aunque en realidad no fue ella la primera en estudiar tan fascinante mundo, sino el lingüista David McNeill de la Universidad de Chicago que inició los estudios sobre gesticulación llegando a la conclusión de que el habla y el gesto son dos aspectos de un único sistema lingüístico y de que existen indicios de que cuanto mayor es el esfuerzo cognitivo que hay que realizar (en interpretación simultánea, por ejemplo) más gesticulamos. Según la profesora Goldin-Meadow es como si las manos nos ayudaran a revelar información que incluso no somos conscientes de poseer. La gesticulación es una manera de visualizar tus pensamientos para compartirlos con los demás; y puede ayudar a examinar y estructurar el pensamiento.
Parece ser que la gesticulación ayuda a reducir la carga cognitiva, el esfuerzo mental que se necesita para realizar una tarea compleja, por ejemplo. Para verificar este extremo, la profesora Goldin-Meadow y sus colegas hicieron una prueba en la que una serie de voluntarios tenían que resolver unos cuantos problemas matemáticos, después tenían que memorizar una extensa relación de letras dispuestas de manera aleatoria mientras explicaban como habían resuelto los problemas. Los adultos que gesticularon a su antojo mientras explicaban cómo habían resuelto los problemas recordaron más letras que aquellos voluntarios a los que no se les permitió gesticular. Gesticular parece que ayuda a descargar parte del esfuerzo mental que requiere explicar un problema matemático, liberando más recursos cognitivos para la memoria.
