La culpa es de los pinganillos

Si esta semana es la semana Sinde, la semana pasada pasará a la historia por ser la semana del pinganillo. Polémica en el Senado español por la interpretación (merece la pena escuchar el interesante debate emitido sobre este controvertido asunto en el programa radiofónico Don de Lenguas del día 25/01/11) y polémica confusión por la no interpretación en la Casa Blanca.

En el caso de EE. UU., los intérpretes hemos vuelto a aparecer en los medios de comunicación por un supuesto error en la interpretación ya que durante la rueda de prensa que ofrecieron Hu Jintao y Barack Obama en la Casa Blanca con motivo de la primera visita oficial del presidente de China Popular a los Estados Unidos se produjo un curioso incidente: a la pregunta de un periodista (norteaméricano) acerca de los derechos humanos, el político chino respondió que «a causa de un problema técnico de traducción e interpretación, no había escuchado la pregunta sobre derechos humanos».

¿Por qué será que cada vez que hay un tema espinoso en un encuentro internacional o una mala organización del acto, le terminan echando la culpa al intérprete? Supongo que, en parte, son gajes del oficio, al menos del oficio de intérprete oficial o diplomático, a tenor de lo que desvela uno de ellos, Harry Obst, en su libro sobre interpretación diplomática en Estados Unidos. En cualquier caso, y a pesar del incidente lingüístico, Hu Jintao prometió a Obama avanzar en los derechos humanos, la mayor declaración de compromiso con la democracia que ha hecho en público un presidente de China.

Vía: FORBES, SFGATE, NY Times y Chequerboard

Harry Obst, lecciones de un intérprete diplomático

Acaba de salir a la luz un nuevo libro que tiene como autor y protagonista a un afamado intérprete estadounidense. El libro se titula White House Interpreter: The Art of Interpretation y su autor es Harry Obst.

Obst nació en Konigsberg, la capital de la Prusia Oriental, en 1932, una ciudad vibrante de cerca de 400,000 habitantes y cuna del famoso filósofo Kant y del escritor E.T.A. Hoffmann, pero que quedó totalmente destruida al final de la segunda guerra mundial, y pasó a manos soviéticas para llamarse Kaliningrado. Cuando Hitler comenzó la segunda guerra mundial Obst tenía 7 años, su padre fue reclutado y enviado al frente en Rusia donde pereció. A los 17 años escapó de la Alemania federal comunista y en 1956, tras licenciarse en la Universidad de Maguncia, se trasladó a Munich esperando encontrar trabajo como traductor de libros o documentos escritos en inglés o francés ya que en esa época había muchas editoriales en esa ciudad. No tuvo demasiado éxito y acabó vendiendo maquinaria de oficina. Por casualidades de la vida, un día se encontraba almorzando en un restaurante cuando entraron tres americanos y se sentaron en una mesa cercana. El menú estaba escrito en una jerga bávara y los extranjeros no conseguían entenderlo. Obst les ofreció su ayuda y acabó sentándose a su mesa. Resultaron ser tres empleados del consulado americano que estaban buscando refugiados como él, ya que el 31 de diciembre de ese año finalizaba el plazo que establecía la ley de asistencia a los refugiados (Refugee Relief Act) para llevar a Estados Unidos a todos aquellos refugiados que hubieran perdido su hogar como consecuencia de las acciones llevadas a cabo por este país. A finales de enero de 1957 ya estaba volando hacia Estados Unidos, como emigrante legal, donde recibiría la ciudadanía en 1963.

Harry Obst trabajó en su país de acogida como intérprete diplomático para el Departamento de Estado, en Washington, llegando a interpretar para 7 presidentes norteamericanos (Johnson, Nixon, Ford, Carter, y Reagan, entre otros). De 1984 a 1997 dirigió la Oficina de Servicios Lingüísticos del Departamento de Estado (Office of Language Services) y de 1997 a 2004 fue Director y profesor de la Escuela Inlingua de Interpretación en Arlington (Washington). Desde su jubilación compagina su labor como intérprete con la de conferenciante, escritor y profesor, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Si algo caracteriza a este intérprete es su sagacidad, tranquilidad, optimismo y pragmatismo, valga a modo de ejemplo algunos de sus consejos:

We are detectives, hunting for clues. Inferential reasoning is easier the more clues you pick up on. Deductive reasoning is easier the more general knowledge you already have.

It is his position that all interpreting uses the same essential skills: listening, useful notes, and improved short-term memory. He also declares the world to be two dimensional: envision a chart or grid – across the top is “who (or what) does what to whom (or what)”. Down the left side is “when where how why”. The rest of this two-dimensional world is just putting the right notes in the right box.

About 75% of all messages are of this type and as good detectives we can use strategic listening to anticipate content, taking a considerable load off. The remaining 25% are descriptive messages with the verb “to be” or “to have”, plus a few standard salutations, exclamations, and warnings. Harry is not reluctant to tell interpreters that analytical skills and general knowledge are more important than a keen eye for the bon mot.

Vía: Witsnet , Apuntes online y The Dicetower