Experimentos con intérpretes

Que yo sepa, nadie puede adivinar nuestros pensamientos, pero sí hay algunos científicos que dicen poder explicar en qué idioma pensamos. Parece ser que los expertos científicos pueden llegar a “detectar” nuestra lengua materna y el nivel de otros idiomas que hayamos aprendido, antes incluso de que emitamos palabra alguna, a través del estudio de la actividad cerebral mientras leemos, por ejemplo.

En la cátedra de electrofisiología cognitiva, de la Universidad Milano-Bicocca de Milán, el equipo de la Dra. Alice Mado Proverbio realizó, durante más de un año, una serie de experimentos con un grupo de 15 intérpretes, revelando lo que consideran diferencias sorprendentes en la actividad cerebral cuando dichos intérpretes observaban palabras escritas en su lengua materna o bien en otros idiomas que hablaran. Los resultados de estos estudios muestran la manera tan diferente que tiene el cerebro de absorber y recordar los idiomas aprendidos en la infancia o posteriormente, en la edad adulta.

Todos los intérpretes que participaron en el estudio eran italianos y trabajaban para la UE traduciendo en inglés e italiano. Puesto que hablaban inglés con muchísima fluidez, los investigadores no esperaban observar grandes diferencias, en cuanto a actividad cerebral, al cambiar de un idioma a otro.

La fuerza del español

Esta semana El País publica un interesante artículo sobre la importancia que día a día está adquiriendo la lengua de Cervantes al otro lado del charco. De hecho, en 1994 la hablaban 330 millones de personas y en 2000 el español ya había superado al inglés como el idioma más hablado del mundo occidental. Según el Instituto Cervantes, institución pública creada por España en 1991 para la promoción y la enseñanza de la lengua española y para la difusión de la cultura española e hispanoamericana, el español es hoy en día el segundo idioma que más se estudia en el mundo (14 millones de alumnos en 90 países en donde no es una lengua oficial). Además, el español es uno de los seis idiomas oficiales de Naciones Unidas y también idioma oficial en varias de las principales organizaciones político-económicas internacionales (UE, UA, TLCAN y UNASUR, entre otras). El artículo del citado periódico explica como E.E. U.U. se ha convertido ya en el segundo país en hispanohablantes y en 2050 puede ser el primero, por delante de México.

Vida más allá de la cabina

El conocimiento lingüístico tan sólo es una de las herramientas del intérprete, la interpretación supone transmitir un discurso hablado, contenidos, y saber un idioma o ser “bilingüe” no significa necesariamente que se pueda ser intérprete: la interpretación es una destreza y existen una serie de técnicas y métodos que hay que aprender. Te tienen que gustar los idiomas y disfrutar del esfuerzo que conlleva el aprender y mantener un alto nivel lingüístico de forma continua.

Como la variedad de temas tratados en las conferencias es casi ilimitada [incluso dentro del ámbito de las ciencias agrarias te puede tocar cualquier tema, desde "micorrización de la encina" hasta "derechos del obtentor" pasando por "epidemiología veterinaria", "inseminación artificial en cerdas", "incendios forestales" o "el cultivo del mejillón en bateas"] el intérprete debe prepararse a conciencia antes de cada conferencia. En este sentido, la improvisación es incompatible con una interpretación responsable. Antes de entrar en cabina, el intérprete dedica muchas horas a prepararse, recabando información sobre el tema y leyendo documentación en sus idiomas de trabajo (en mi caso, intento trabajar desde el inglés al español, que es mi lengua materna; pero también hago “retour”, es decir, desde mi lengua materna –español– hacia el inglés), intentando mantenerse al corriente de los cambios y las nuevas terminologías, así como de la actualidad (es esencial intentar leer la prensa a diario y en diferentes idiomas, para estar informado de la situación política internacional y los últimos acontecimientos ya que -durante los discursos o ponencias- los conferenciantes muchas veces hacen referencia a eventos importantes y a la actualidad).

Familiarizarse con la actividad de investigación o docencia de los ponentes es también importante puesto que ayuda al intérprete a entender las intenciones detrás de las palabras del orador. Saber en qué universidad o empresa trabaja, qué puesto tuvo anteriormente, las líneas de investigación que sigue, sus publicaciones recientes , su participación en proyectos, etc. son aspectos que conviene tener en cuenta también a la hora de preparar el trabajo.

Las estrategias de preparación pueden ser muy variadas, cada maestrillo tiene su librillo, pero es indiscutible que las nuevas tecnologías y el uso masivo de internet han simplificado y agilizado enormemente la tarea de documentación y preparación previa. La web nos ofrece un sinfín de recursos y podemos encontrar prácticamente todo: catálogos web, portales temáticos, webs científicas, webs de universidades o de empresas, bibliotecas en línea, revistas, foros, glosarios, bases de datos terminológicas, discursos en formato audio o video, y hasta radios y TV locales de cualquier país del globo para que podamos entrenar nuestro oído con acentos complicados.

Nada que ver con la situación previa al despegue de internet. Todavía me acuerdo de un seminario que se celebró, hace muchos años, sobre gestión de la caza cuya preparación fue una tortura; tuve que visitar bibliotecas, consultar enciclopedias y revistas especializadas, preguntar aquí y allá, además de pasar una tarde muy interesante en casa de una amiga conversando con su padre que era cazador para que me documentara al respecto y me dejara unos cuantos libros que tenía sobre caza mayor, caza menor, el perro de caza y los trofeos.

No cabe duda de que el aprendizaje continuo es parte del trabajo de un intérprete, y eso es todo un privilegio.

“The fundamental rule when you’re not sure of a term or phrase is ask. There is an old Japanese adage which goes:

to question and ask is a moment’s shame, but to question and not ask is a lifetime’s shame.”