Preparados para el Globish

En 2005 el New York Times ya se hacía eco de la inevitable llegada del Globish en un artículo firmado por Mary Blume en el que hablaba del término acuñado por Jean-Paul Nerriere y en el que describía el despegue internacional del inglés como «el dialecto del tercer milenio». Nerriere, un empleado de IBM enviado a Japón en la década de los noventa, se había dado cuenta de que en el Lejano Oriente los japoneses, coreanos y chinos se comunicaba en un nuevo tipo de inglés que en el inglés estándar de los británicos y los estadounidenses. Nerriere se dio cuenta de que se trataba de un inglés «globalizado», simplificado al que llamo Globish y que, en su opinión, se podía hablar con tan solo 1500 palabras.

Considerado por muchos como lingua franca, y criticado por otros por ser paradigma del pensamiento único, del empobrecimiento lingüístico y antítesis de la diversidad cultural o herramienta política, hay que admitir que el Globish está consolidado como vehículo comunicativo y, nos guste o no, la difusión de este tipo de inglés tiene consecuencias para la interpretación y los intérpretes, como bien nos cuenta Xema en este vídeo de AIB:

¿Los idiomas más fáciles?

Mucha gente se pregunta el tiempo que le llevará aprender un nuevo idioma, y lo cierto es que esa pregunta tiene difícil respuesta pues depende de un sinfín de factores, desde el tiempo que se invierte, la semejanza o diferencia del idioma que queramos aprender o la motivación, por poner solo algún ejemplo. El Instituto de Servicio Exterior (Departamento de Estado de EE. UU.) ha hecho un singular estudio sobre las expectativas de aprendizaje de una serie de idiomas intentando dilucidar qué tiempo necesita un anglófono, en este caso, para llegar a hablar y leer otro idioma con fluidez. Estas son las conclusiones del estudio:

Idiomas fáciles de aprender:

Idiomas que suponen una dificultad media:

Idiomas que resultan difíciles de aprender:

Aprendiendo a gesticular en español

Los gestos que acompañan a nuestro lenguaje son distintos dependiendo de los idiomas, solo basta considerar la forma en que se acompaña a la palabra «sí» gestualmente y cómo varía dependiendo de la cultura y el idioma. Otro ejemplo es la gran diferencia entre el gesto que se hace al decir «yo» en español y japonés, el primero señala al corazón y el segundo a la nariz.

Muchas veces las diferentes culturas emplean los mismos gestos, pero con un significado totalmente diferente. Sacar la lengua es considerado una señal de mala educación, entre nuestros niños, pero en el sur de China moderna, una rápida exhibición de la lengua significa turbación; en el Tibet, representa una señal de educada cortesía, y los habitantes de las islas Marquesas sacan la lengua para negar.

The Guardian

Resulta obvio que una persona que visita un país extranjero puede encontrarse ante un problema embarazoso si emplea un gesto que no corresponde a la cultura local.

Los buenos profesores de idioma enseñan también parte de la cinesis de una lengua, al mismo tiempo que enseñan su vocabulario. El periodico británico The Guardian ofrece, por ejemplo, varios recursos para el aprendizaje del español, entre los que destaca uno que precisamente explica como expresarse en español utilizando el lenguaje gestual de las manos.

Es una pena que tan solo cuente con cuatro ejemplos.

Hablar varios idiomas es bueno para la salud

Las recientes investigaciones sobre neurobiología y bilingüismo señalan que el dominio de dos idiomas, especialmente desde niños, no solo mejora la capacidad de concentración sino que podría ser también beneficioso para prevenir la aparición de demencia senil y otras enfermedades similares. Otros estudios sugieren que el bilingüismo podría retrasar –hasta 4 años– el desarrollo de enfermedades vinculadas a la demencia senil, incluida la enfermedad de Alzheimer.

Parece ser que los preescolares bilingües se centran más en sus tareas y se distraen menos que sus compañeros monolingües. Es como si el hecho de manejar dos idiomas ayudara al cerebro a agudizar su capacidad para centrarse, evitando información irrelevante. Se especula incluso que el hecho de hablar dos idiomas podría incrementar el flujo de oxígeno y sangre al cerebro, ayudando a mantener las conexiones nerviosas en buen estado, factores que, se cree, previenen la demencia.

De hecho, se ha descubierto recientemente que la materia gris de los adultos bilingües es más densa, sobre todo en el hemisferio cerebral izquierdo, desde donde se controla la mayoría de las habilidades lingüísticas y comunicativas. Este efecto es todavía más pronunciado en aquellas personas que aprendieron un segundo idioma antes de los cinco años, y entre aquellos que dominan su segundo idioma.
Estos resultados indican que ser bilingüe desde una temprana edad altera de manera significativa la estructura del cerebro.

Los detalles de este interesante estudio están en el número de septiembre de la revista Brain briefings.

Kató Lomb

Me temo que la entrada de hoy puede resultar algo extensa, pero merece la pena. Se trata de un personaje un tanto curioso y admirable: La intérprete Kató Lomb. Kató Lomb nació en 1909 en Hungría (Pécs), el 8 de febrero (el mismo día que mi suegra, pero unos cuantos años antes), y murió no hace mucho en Budapest (el 9 de junio de 2003). Fue traductora, un genio de los idiomas (¡hablaba sólo 17!) y una de las primeras intérpretes simultáneas del mundo.


Se licenció en física y química, pero enseguida empezó a interesarse por los idiomas; de hecho aprendió 16: búlgaro, chino, danés, inglés, francés, alemán, hebreo, italiano, japonés, latín, polaco, rumano, ruso, eslovaco, español y ucraniano. Tamaña proeza fue resultado de un gran esfuerzo como autodidacta y del planteamiento práctico con el que siempre se enfrentaba a un nuevo idioma.

Como intérprete visitó los cinco continentes, viajó a cuarenta países y resumió su experiencia y aventuras en un libro titulado An interpreter around the world (“Egy tolmács a világ körül”).

Su técnica, por llamarla de alguna manera, se basaba en la motivación, la autodisciplina o el control mental (afirmaba que había que estar totalmente convencido de que se iba a lograr el objetivo, de que se contaba con voluntad inflexible y aptitudes extraordinarias para los idiomas) y en contextualizar las palabras, algo que resulta de los más necesario, sino esencial, en la interpretación simultánea.