Modulación
Leyendo un artículo el otro día, me topé con una frase que hacía referencia a nuestra profesión: ………….la típica voz de traductora simultánea, grave, que arrastra las sílabas para darse tiempo y pensar, y después decir muy rápido un par de frases……………..
Desde luego, no debiera ser así. Hay que seguir al orador, y al igual que éste, hay que trabajar con la voz para enfatizar los puntos importantes del discurso, destacar ideas, introducir nuevos argumentos, contar anécdotas, resaltar las conclusiones, etc. Hay que modular la voz, subir y bajar el volumen, cambiar el ritmo, acentuar las palabras. El uso que hacemos de la voz ayuda a trasmitir el mensaje con todos sus matices y a captar la atención del público.
La autota del blog Redemptionblues lo explica muy bien:
Always modulate. There is nothing more dreary than hearing a bored voice drone on through the headphones. Even if the topic is accrual-based accounting systems remember it is your duty to make it sound interesting. It will warm the cockles of some little stuffed shirt’s heart. You are the speaker for the duration. If she is angry, you must convey that rage. If she speaks with passion, you must reflect that enthusiasm. Your voice is your precious instrument, your greatest asset. Flaunt it.
Redemptionblues es un blog muy particular y entre muchas otras cosas, su autora (que se define como traidora de la clase académica, fugitiva de secta, con una veta sentimental instalada en la cómoda zona de la servidumbre social) hace una descripción impecable y en clave de humor del intérprete de conferencias . Es más que recomendable.
Cabina muda
Si no tenemos la posibilidad de hacer cabina muda, ni de hacer prácticas compartiendo cabina con algún amable colega, hoy en día existen ya muchas maneras de practicar la interpretación simultánea en casa o en el despacho. Audacity es una de ellas.
Audacity es un editor de audio (de código abierto), fácil de usar y multilingüe para Windows, Mac OS X, GNU/Linux y otros sistemas operativos, y que se puede usar para grabar audio en directo (usando un micro o un mezclador), convertir cintas y grabaciones a sonido digital o CD, importar archivos de sonido, editarlos y combinarlos con otros archivos o nuevas grabaciones, exportar grabaciones en varios formatos de sonido, crear efectos (cambiar el tono sin alterar el tempo y viceversa, eliminar ruidos estáticos, silbidos, tarareos u otros ruidos de fondo constantes), alterar las frecuencias con la ecualización, ajustar los volúmenes con el compresor, amplificar y normalizar los efectos, y muchas cosas más.

Obviamente, para la práctica de simultánea este programa ofrece un sinfín de posibilidades. Primero hay que importar el archivo de audio que se quiere interpretar y para ello hay que ir a «Project->Import Audio» y copiar el audio original en la Pista 1 (conviene escuchar la grabación para verificar que se ha copiado bien). Luego, (habiendo configurado las preferencias para que se puedan grabar otras pistas mientras se graba una nueva) hay que pulsar el botón rojo para grabar la interpretación en la Pista 2 mientras estamos escuchando la conferencia en la Pista 1 a través de los auriculares. Cuando se hace click en grabar, Audacity crea una nueva pista de manera automática, por lo tanto es imposible grabar sobre un archivo audio con Audacity.
Lo único que hay que hacer es importar la pista que se quiere interpretar, ponerse los auriculares, configurar el micro y pulsar «grabar», así de simple.

La parte más compleja es quizás la configuración correcta del sistema, pero en la página y foros de Audacity, se puede encontrar mucha información y ayuda. Básicamente, hay que indicar en el origen de la grabación (Edit -> Preferences -> Audio I/O menu), el micrófono que estés usando, y en dispositivo de reproducción el altavoz que estemos usando, asegurándonos de que la opción «Software Playthrough» está apagada (OFF), y «Play other tracks… » está encendida (ON).
Mi nuevo equipo de grabación
He retomado la sana costumbre de grabarme mientras interpreto, no de forma sistemática, pero sí de vez en cuando. Control de calidad, se llama ahora. Hace unos meses jubilé definitivamente a mi vieja grabadora Aiwa (y a sus cintas y pilas, también) que me había acompañado, fielmente, durante muchísimos años de cabina y traducciones. En su lugar: un nuevo y flamante iPod.
Como muchos sabrán a estas alturas, algunos modelos de iPod tienen integrada la capacidad de grabar audio, pero para poder hacerlo se necesita un accesorio que haga las veces de micrófono. Yo opté por un Macally iVoicePro.

Mi Macally es un micrófono con diseño de los años treinta o cuarenta, compatible con el iPod, y que me permite grabar notas de voz, es decir, discursos, entrevistas, conferencias, conversaciones, ruedas de prensa, interpretaciones o música en directo. Al terminar la grabación, puedo escuchar el resultado gracias al altavoz incorporado o bien pasarlo al ordenador y escucharlo allí.
Todo el control de las grabaciones de audio se realiza utilizando el sistema de menús del iPod. Al conectar el micro aparece en el menú raíz del iPod un nuevo elemento llamado «Notas voz». Desde allí se puede iniciar una nueva grabación. Durante la grabación la pantalla del iPod muestra el número de la nota de voz que se está grabando, la fecha y el tiempo transcurrido. Las grabaciones se pueden interrumpir presionando play/pausa o menú en el iPod. Una vez suspendida se puede reanudar la grabación, detener y guardar o eliminar. Las grabaciones guardadas se muestran en el menú de Notas de voz con la fecha y hora grabación y se pueden reproducir o eliminar en cualquier momento, incluso después de haber desconectado el micrófono del iPod. Al sincronizar el iPod con iTunes, todas las notas de voz grabadas en el iPod se transfieren al ordenador y se añaden a la biblioteca iTunes como si fuesen canciones. Hay que tener en cuenta que el iPod graba en formato WAV y las notas de voz ocupan mucho más espacio por minuto que las canciones en formato MP3 o AAC.

La calidad de audio en las grabaciones es muy buena, más que adecuada para grabar interpretaciones, entrevistas, clases, conferencias o podcast, que luego puedes usar en el ordenador para practicar, corregir o mejorar.
Con este micro he convertido mi iPod en una grabadora de audio estéreo de alta calidad. Lo más interesante de este tipo de accesorios es que añaden una nueva función y se integran a la perfección con la interfaz del iPod y que las grabaciones se sincronizan de manera automática con iTunes. El aspecto negativo, sin contar el precio, es que el audio se almacena en formato WAV en vez de MP3, y por lo tanto las grabaciones ocupan muchísimo espacio.
Y si además somos ingeniosos y habilidosos, hasta podemos utilizar el iPod y su Macally para ¡llamar por teléfono!
Grabando, grabando
Ayer tuve la suerte de interpretar a un correcaminos de Minnesota (Bip Bip), consultor y experto en el posicionamiento de salchichas y demás productos de Oscar Mayer. ¡Qué manera de hablar! Muy interesante, eso sí. Una pena no haber llevado la grabadora, ya que no pude escuchar mi interpretación. Conociéndome como me conozco, estoy convencida de que si lo hubiera hecho, estaría hundida en la miseria, o escondida debajo de una silla, atormentándome por haberme dejado arrastrar por la inercia del discurso del orador, y repitiéndome sin parar: síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación…..
Grabarse y oírse es esencial para poder mejorar y para aprender a interpretar bien; y hay que ser muy metódico. Conozco a muchos colegas que tienen verdadera aversión a las grabadoras. ¿Cómo vamos a mejorar si no sabemos cómo interpretamos? Los músicos se escuchan, los bailarines se miran en el espejo, muchos médicos graban sus intervenciones y muchos profesores también graban sus clases. ¿Por qué será que a algunos intérpretes les cuesta tanto escucharse? Las palabras del Maestro Viaggio son muy elocuentes en este sentido:
¡La primera vez que me escuché casi me muero! Cada vez que excedía cierta velocidad, la voz se me subía a un falsete insoportable; para no hablar de los vicios más irritantes, como las vacilaciones, las autocorrecciones innecesarias, las frases empezadas antes de tiempo y terminadas con toda torpeza, la sintaxis acartonada, el uso abrumador de perífrasis verbales (siempre “formular una propuesta”, y jamás sencillamente “proponer”) o de verbos nominalizados (“para la solución del problema”, y nunca lisa y llanamente “para solucionar el problema”), el léxico insulso, la entonación monocorde… en suma, la absoluta antinaturalidad de la elocución que sigue aquejando a tantos colegas que no son conscientes de ella porque nunca se han oído interpretar.
