El intérprete y el estrés: segunda sesión del #IntJC

El pasado 25 de agosto publiqué una entrada sobre la iniciativa que tuvo Lionel Dersot, el autor del blog The Liaison Interpreter, de crear un Journal Club sobre interpretación (#IntJC), cuya sesión inicial –y un tanto experimental para todos– se celebró el sábado 10 de septiembre con una nutrida representación de quince intérpretes «llegados» de distintos rincones del mundo (Alemania, Eslovaquia, España, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Japón, Suecia y Venezuela) y con muchas ganas de aprender y de intercambiar ideas. Igual que a @Tulkur, me resultó tremendamente complicado participar en el debate, inmersa como estaba en plena vorágine festiva de la Ribera de Navarra … así que entre chupinazos y barbacoas y con el pañuelico rojo al cuello conseguí meter la nariz en el chat y trastear un poco para entender mejor la dinámica de esta genial iniciativa. En esta primera ocasión la temática del debate era la personalidad del intérprete; todos habíamos leído de antemano el artículo de Schweda Nicholson «Personality characteristics of interpreter trainees: The Myers-Briggs type indicator (MBTI)» y habíamos hecho el test de personalidad de Myers-Briggs. Sólo pude participar en la primera parte del debate, pero a tenor de los resultados de las pruebas de personalidad y el debate al respecto, quedó patente que el intérprete no tenía una personalidad típica, única, mejor o peor. También se habló de si había personalidades más «adecuadas» para ciertas modalidades de interpretación o para ciertos contextos culturales, del uso de este tipo de pruebas en la selección de estudiantes, etc. A mi parecer, este primer encuentro fue todo un logro y un gran éxito y desde aquí quiero a agradecer a Lionel Dersot todo su esfuerzo y empeño por sacar adelante esta iniciativa y por su labor de coordinación y gestión (tenéis a vuestra disposición el archivo correspondiente a la primera sesión de #IntJC, así como  las instrucciones e información básica para poder participar en este encuentro virtual).


La próxima convocatoria está prevista para el sábado 24 de septiembre (22.00 horas de Tokio, 15.00 horas españolas), y de nuevo me resultará complicado asistir, más que nada porque estaré micrófono en mano visitando ríos y riberas, vados y vaguadas, y dudo que encuentre un meandro con acceso a internet o una red wifi disponible en el azud ;-) . El tema de debate de esta segunda sesión del #IntJC es el estrés y el texto elegido es «Stress and the Interpreter» de Said Shaha (Universidad Deakin). Además, Lionel nos ha dejado una relación de artículos complementarios sobre estrés y ansiedad que puede resultar muy útil: «Stress Busters for Interpreters (And Everyone Else)» (Julie Burns), «Want to Improve Your Interpreting? Drop That Donut and Grab a Jump Rope!» (Holly Mikkelson), «”I failed because I got very nervous”. Anxiety and performance in interpreter trainees: An empirical study» (Amparo Jiménez Ivars y Daniel Pinazo Calatayud), «Physiological stress during simultaneous interpreting: A comparison of experts and novices» (Ingrid Kurz), «interpretation and stress» (Alessandra Riccardi, Guido Marinuzzi, Stefano Zecchin), «Whose Trauma Is It? Vicarious Trauma and its Impact on Court Interpreters» (Sonali Rana, Purvi Shah, y Kajori Chaudhuri) y «Emotional and Psychological Effects on Interpreters in Public Services. A Critical Factor to Bear in Mind» (Carmen Valero-Garcés).

También os dejo un par de entradas que publiqué hace tiempo para completar el listado anterior:

- Interpretando a pesar del estrés (17/11/2010)

- ¿Quién dijo estrés? (24/09/2008)

Interpretando a pesar del estrés

Ayer en el programa radiofónico Don de Lenguas, del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Salamanca, Alexia de Francia, intérprete de cabina española de la DG SCIC, hablaba –entre otras cosas– del estrés al que se ven sometidos los intérpretes en su quehacer diario y de cómo se va reduciendo la carga de estrés conforme se va adquiriendo experiencia, aunque nunca llega a desaparecer.

A hilo del estrés, me gustaría referirme a un artículo que leí hace tiempo de Said Shahat titulado «Stress and the Interpreter» en el que hacía un análisis pormenorizado de este fenómeno y de su incidencia en la calidad de la interpretación, haciendo alusión a diferentes factores estresantes, síntomas, y métodos de relajación. Además, hablaba de la importancia de contar con una nutrida red social (familia, amigos, compañeros) de apoyo que indudablemente sirve de ayuda a la hora de gestionar mejor las situaciones de estrés.

El artículo comienza hablando del estrés en términos generales, como reacción fisiológica del organismo para poder afrontar una situación que se percibe como amenazante o la demanda de un rendimiento superior al normal, de sus principales causas (frustración, fatiga y miedo), síntomas (subjetivos, comportamiento, cognitivos, sicológicos, u organizativos), respuestas (alarma, adaptación y agotamiento), tipos de personalidad (tipo A o B) y factores estresantes en la actividad de interpretación.

Shahat termina su artículo hablando de técnicas de relajación y estrategias para gestionar y controlar mejor el estrés inherente a nuestro trabajo y cita alguna de las ideas que ponen en práctica sus compañeros de profesión, desde los paseos hasta la meditación, pasando por el yoga, la naturopatía, los masajes, los cristales, o las piscinas de flotación.

Os dejo el enlace al artículo para que lo podáis leer con tranquilidad: «Stress and the Interpreter»

Said Shahat trabajó en la Universidad Deakin de Australia como profesor de interpretación y traducción y de lenguaje y cultura árabes.

Vía: WATA

Cuidado con el exceso de velocidad

Li Changshuan es profesor adjunto en la Facultad de Traducción e Interpretación, de la Universidad de Estudios Internacionales de Beijing (China), así como intérprete de conferencias y traductor en ejercicio. Hace poco leí un artículo suyo que publicaba la Revista The Journal of Specialised Translation sobre las diferentes estrategias que adoptan los intérpretes para hacer frente a la velocidad de algunos ponentes.

En su artículo el autor plantea el problema de la velocidad del orador como uno de los principales obstáculos que tienen que salvar los intérpretes. La preparación previa puede, en parte, aliviar la presión que supone una conferencia o un discurso dictados a gran velocidad. Sin embargo, si la velocidad excede ciertos límites, no hay intérprete que pueda transmitir el mensaje completo, ni aunque sea experto en el tema. El «exceso de velocidad» perjudica no solo a los intérpretes sino a los oyentes. De hecho, en el caso de los discursos en inglés se habla de una velocidad óptima de 100 a 120 palabras por minuto (aunque el recuento de palabras o sílabas por minuto varía según los idiomas). Para hacer frente a semejante exceso de verbosidad y velocidad, Li Changshuan sugiere cuatro estrategias: solicitar al ponente que hable más despacio, que el intérprete hable mucho más deprisa, que el intérprete resuma la ponencia; o que el intérprete apague el micrófono: Coping Strategies for Fast Delivery in Simultaneous Interpretation

¿quién dijo estrés?

Hay pocas actividades que requieran tanta concentración o que sean tan exigentes para la mente como la interpretación simultánea. Hace ya unos años que se vienen realizando -¡por fin!- estudios sobre el trabajo de los intérpretes y el nivel de tensión y estrés al que se ven sometidos y sus consecuencias para la salud. Se habla, por ejemplo, de una tensión positiva, que permite al organismo interactuar con su entorno y de una tensión más negativa que puede tener consecuencias perjudiciales para la salud. Hay teóricos que distinguen entre el estrés psicológico o emocional (miedo, responsabilidad, nivel de autoexigencia, etc.) –que varía según las personas y que depende de como el individuo perciba una situación determinada– y un estrés ambiental, más objetivo (ruidos, interferencias en el sonido, densidad del discurso, velocidad del orador, etc.).

Cuando nos ponemos los auriculares antes de empezar una conferencia siempre se siente un cierto nivel de tensión [hasta el intérprete más experimentado pasa nervios alguna vez] puesto que se es consciente de que pueden surgir conceptos desconocidos, acentos difíciles, una ponencia no prevista y además leída, oradores que intentan emular a Fitipaldi, etc. Está claro, que son cosas fuera de nuestro alcance y que -nos guste o no- son inherentes a la profesión, pero la formación, preparación y, por supuesto, la experiencia y las tablas ayudan al intérprete a reaccionar con rapidez y a salir más o menos airado de lances así. Ahora además, se habla mucho de la Técnica Alexander (desarrollada por el actor australiano Frederick Matthias Alexander a finales del siglo XIX) empleada en la formación de actrices y músicos y que parecer ser ha mostrado su utilidad en el campo de la interpretación para reducir el nivel de estrés y ansiedad y mejorar la postura. Marta Renau-Michavila tiene un artículo muy completo sobre la aplicación de esta técnica en el mundo de los intérpretes. Yo de momento me conformo con Pilates.