Glosario Multilingüe Jurídico Policial
Hoy ha caído en mis manos el Glosario Multilingüe Jurídico Policial, una obra muy útil e interesante de la que desconocía su existencia, aunque salió a la luz hace ya tres años. Sí, ya sé que los asuntos policiales nada tienen que ver ni con la agricultura ni con la pesca, mi ámbito de trabajo habitual, pero ante una obra tan singular, fruto del empeño de algunos y de la colaboración de muchos, ¡qué menos que compartirla y difundirla en este espacio de la blogosfera!

Ideado y coordinado por José Duque Quicios, experto en Cooperación Policial Internacional, el Glosario Multilingüe Jurídico Policial es fruto de la colaboración de más de 150 personas que durante casi ocho años han trabajado para hacer realidad este proyecto: policías, militares, diplomáticos, abogados, periodistas, lingüistas, catedráticos y profesores de universidades, escuelas de idiomas y traductores jurados, además del correspondiente personal encargado de las aplicaciones informáticas. El Glosario pretende ser un instrumento de la cooperación policial internacional, y se ofrece como una herramienta útil, en el que el español se ha utilizado como idioma patrón (3700 términos) y en el que se incorporan 53 idioma* hablados en el 75% del mundo.
Su formato y su contenido le permiten su utilización por cualquier profesional, sin importar su lengua, en cualquier país en el que se hable cualquiera de los idiomas presentados. Su objetivo general es proporcionar, principalmente, a los ministerios de Justicia, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, agencias nacionales de inteligencia, enlaces policiales nacionales en el extranjero e instituciones penitenciarias, un instrumento útil y adecuado para el entendimiento entre sus miembros, así como la comprensión y traducción de sus documentos.
Aparte de los organismos anteriormente citados, también pueden beneficiarse los ámbitos universitarios, escuelas jurídicas y políticas, así como profesionales del derecho de todo el mundo. Su objetivo específico es conseguir que las instituciones anteriormente citadas, posean una herramienta adecuada de conocimiento del lenguaje jurídico-policial, que les permita comunicarse entre ellas, en sus respectivos idiomas. Permitir la comprensión y el entendimiento de las distintas filosofías y métodos de trabajo, entre los ámbitos judiciales y de seguridad pública, traducir documentos relativos a situaciones policiales, judiciales y penitenciarias, introducir las bases de datos de los distintos idiomas, en los programas actualmente existentes, para conseguir la traducción automática de textos jurídicos y policiales.
El Glosario multilingüe jurídico-policial es una herramienta de carácter técnica dentro del campo del Derecho, Policial y Penitenciario, compuesto por palabras y expresiones breves de uso más frecuente. Su actualización permite encontrar los últimos neologismos policiales: desde «globalización» hasta «»persecución transfonteriza» o desde «entrega controlada de drogas», «taliban» o «Al Qaeda». También, en la parte española se incluyen palabras y expresiones utilizadas por la delincuencia en América latina, por lo que la utilización de este glosario se extiende a todo el mundo policial de habla hispana.
La presentación final de la obra se pude hacer en cualquier formato electrónico, pues a diferencia del formato de papel, permite hacer cualquier entrada en cualquier idioma y encontrar su traducción en cualquiera de ellos.
Se ha creado una pagina web, http://www.glosario-mjp.com, donde, a parte de una presentación de la obra en varios idiomas, se puede descargar una versión demo.
*Alemán, árabe, armenio, bosnio, búlgaro, catalán, checo, chino (escritura simplificada y han yu pinyin), coreano, croata, danés, eslovaco, esloveno, español, estonio, euskera, farsi, finés, flamenco, francés, gallego, georgiano, griego, hebreo, hindi, holandés, húngaro, indonesio, inglés, irlandés, islandés, italiano, japonés (kanji y romnjí), letón, lituano, maltés, pashtun, polaco, portugués, punjabi, rumano, ruso, serbio (cirílico y latino), sueco, tajiki, tailandés, turco, ucraniano, urdu y uzbeko.
Interpretación en Australia
La Autoridad Nacional de Acreditación para Traductores e Intérpretes (NAATI, National Accreditation Authority for Translators and Interpreters Ltd) es la entidad encargada de fijar estándares y otorgar acreditaciones a traductores e intérpretes en Australia y acaba de implantar un sistema de aseguramiento de la calidad a escala nacional para la aprobación y el seguimiento de cursos de traducción e interpretación, especialmente de aquellos cursos que pretendan capacitar a los estudiantes para trabajar como traductores o intérpretes.

Los estudiantes de interpretación que aprueben un curso homologado por la NAATI pueden solicitar la acreditación sin tener que realizar pruebas adicionales. En la página web de la NAATI se puede consultar una completa relación de este tipo de cursos –sobre los fundamentos de la interpretación, aspectos éticos de la profesión, toma de notas, técnicas básica de traducción e interpretación, y preparación para exámenes– y que incluye información sobre la institución organizadora, tipo de curso, nivel y tipo de acreditación, idiomas de trabajo del curso y en algunos casos enlaces a la página del curso o de la institución. Como ejemplo, incluyo algunos cursos en los que se incorpora el español como lengua de trabajo.
Institución: Sydney Institute of TAFE, Petersham College
Cursos o diplomas: Diploma of Interpreting y Advanced Diploma of Interpreting
Idiomas: Lengua de signos australiana, cantonés, griego, indonesio, coreano, mandarín, español, y vietnamita.
Enlace: SIT
Institución: Macquarie University
Cursos o diplomas: Postgraduate Diploma of Translating and Interpreting y Master of Translating and Interpreting
Idiomas: Lengua de signos australiana, francés, japonés, coreano, mandarín, y español.
Enlace: MQ
Para destildados
El escritor y periodista Francisco García Pérez es Doctor cum laude en Filología y Catedrático de Lengua castellana y Literatura en Gijón, además de conferenciante y traductor, y hace unos días publicaba en el diario digital La Nueva España un alentador artículo titulado «La pobre tilde» que días más tarde reproducía la Fundéu BBVA.
El artículo es una defensa de la tilde y de los llamados gramanazis, es decir, de los que se empeñan en que el idioma español se lea y escriba en idioma español, como mi amigo blogosférico el Capitán Tilde a quién seguro entusiasmará el artículo de Francisco García. «La pobre tilde» hace hincapié en los poderes públicos y en sus habituales «despistes» ortográficos, muchas veces en aras de un mejor diseño gráfico. Afortunadamente en el mundo de la publicidad y el diseño gráfico también existen amigos de la tilde, como el blog Acentos perdidos, de Pablo Zulaica Parra, un español afincado en México, que curiosamente es creativo de publicidad y corrector.
Los españoles y el inglés
Según un estudio llevado a cabo por Oxford University Press, España está a la cola de Europa en conocimiento de inglés y sólo el 20 por ciento de los españoles es capaz de mantener una conversación en una lengua diferente a la suya, mientras que el 44 por ciento de los europeos sí son capaces.
Para solucionar el eterno problema del inglés, Oxford University Press ha creado una página web, en la que los internautas tienen la posibilidad de colgar vídeos y donde se mide cómo se manejan en inglés, con el objetivo de evitar que los españoles hagan construcciones que ponen en evidencia su bajo nivel idiomático. En dicha página se pueden ver videos de personajes públicos españoles como José María Aznar, Emilio Botín o José Luis Rodríguez Zapatero hablando en inglés, y los usuarios pueden votar por el más divertido para hacerles ascender o descender en el ránking, en el que ahora Francisco Franco figura en primera posición con “Aiguanmuviman”.

El premio para los mejores practicantes de spanglish es un sistema de aprendizaje de inglés llamado My Oxford English, un curso de inglés online tras el que el alumno puede conseguir un Título Oficial de la Universidad de Oxford.
El dominio de la lengua, fuente de poder
Así de claro lo dice José Antonio Pascual, lingüista y catedrático de la Universidad Carlos III, en el artículo de M.M. Sánchez que transcribo a continuación. Pascual indica que «aunque el dominio de la lengua es fuente de poder y resulta indispensable si se aspira a tener una cabeza bien amueblada, parece que el éxito social se ve en otras cosas, como en el dinero o la fama», «debe de haber un motivo fuerte para que la lengua, que es sutileza, posibilidad de acuerdo, lo opuesto al mundo de las verdades absolutas del blanco y negro, no esté hoy valorada en nuestra sociedad».
Buena parte de los universitarios no superaría hoy el listón gramatical (dos faltas de ortografía o tres de puntuación acarreaban el suspenso) que se aplicaba décadas atrás a los alumnos de nueve años en el examen de ingreso al bachillerato.
Nuestros estudiantes hablan, por lo general, un castellano pobre y, a menudo, impostado, porque el sistema educativo ha descuidado en los últimos tiempos la enseñanza de la lengua, y porque tampoco la sociedad cree que hablar y escribir bien sea fundamental para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional. Ésa es al menos la opinión de una amplia mayoría de docentes convencidos de que asistimos a un proceso de deterioro en el buen uso de la lengua.
El hecho de que muchos universitarios acaben la carrera con graves carencias gramaticales empieza a suponer ya un obstáculo a la hora de acceder a trabajos en los que la capacidad de expresión y persuasión son imprescindibles. Así, para mejorar la calidad comunicativa de sus empleados, grandes despachos de abogados, como Garrigues o Gómez Acebo y Pombo, han adoptado en su ámbito interno libros de estilo elaborados por la Fundación del Español Urgente.
El propio Colegio de Abogados y empresas como Red Eléctrica Española van a seguir ese ejemplo, mientras la Facultad de Derecho de la Universidad Pompeu i Fabra imita a las estadounidenses e implanta la asignatura de Redacción Judicial y Documental.
«Mi percepción personal es que, en cuestión de ortografía y sintaxis, el nivel universitario es desolador», sentencia Leonardo Gómez Torrego, investigador del Instituto de Filología del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es un juicio que corrobora espontáneamente una legión de profesores con amplia experiencia docente.
«Doy fe del deterioro progresivo en el uso correcto de la lengua», subraya Dolores Azorín, de la Universidad de Alicante. «Hay una diferencia abismal entre los escritos de los chavales de hace 15 años y los de ahora. Creo que la pérdida de vocabulario es la punta del iceberg de un mal endémico, estructural, de nuestro sistema de enseñanza», destaca Víctor Moreno, doctor en Filología Hispánica y autor de numerosos trabajos sobre la materia.
«La mayoría, y hablamos precisamente de alumnos de Filología, no sabe expresarse bien, no domina el lenguaje y, en consecuencia, tampoco el pensamiento», apunta Manuel Alvar Ezquerra, catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid.
Lo que dispara las alarmas no son las faltas de ortografía, por garrafales que sean; tampoco las confusiones léxicas del tipo «a la muerte del monarca, empezaron las guerras intestinales». Lo que preocupa verdaderamente es la incompetencia expresiva de muchos universitarios que les imposibilita comunicarse con un mínimo de sentido, coherencia y criterio.
«El género sirve para designar el sexo de la palabra, sustantivo, adjetivo, artículo, pronombre…», escribió, por ejemplo, un alumno de Filología Hispánica en los pasados exámenes de septiembre. «Desde Aristóteles, se tiene conciencia de la palabra, aunque no se sabe si existe realmente», apuntó otro.
Aceptado que toda promoción estudiantil está llamada a engordar la Antología del disparate, el problema adquiere un fondo inquietante cuando se comprueba que alcanza también a los niveles teóricamente más selectos del mundo universitario. «Observo un deterioro muy grande, y no sólo ortográfico. Hay licenciados que tienen dificultades para ordenar una frase con su sujeto, verbo y complementos», asegura la directora de convocatorias de becas de La Caixa, Rosa María Molins.
