Mi nuevo equipo de grabación

DSC_0128He retomado la sana costumbre de grabarme mientras interpreto, no de forma sistemática, pero sí de vez en cuando. Control de calidad, se llama ahora. Hace unos meses jubilé definitivamente a mi vieja grabadora Aiwa (y a sus cintas y pilas, también) que me había acompañado, fielmente, durante muchísimos años de cabina y traducciones. En su lugar: un nuevo y flamante iPod.

Como muchos sabrán a estas alturas, algunos modelos de iPod tienen integrada la capacidad de grabar audio, pero para poder hacerlo se necesita un accesorio que haga las veces de micrófono. Yo opté por un Macally iVoicePro.

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Mi Macally es un micrófono con diseño de los años treinta o cuarenta, compatible con el iPod, y que me permite grabar notas de voz, es decir, discursos, entrevistas, conferencias, conversaciones, ruedas de prensa, interpretaciones o música en directo. Al terminar la grabación, puedo escuchar el resultado gracias al altavoz incorporado o bien pasarlo al ordenador y escucharlo allí.

Todo el control de las grabaciones de audio se realiza utilizando el sistema de menús del iPod. Al conectar el micro aparece en el menú raíz del iPod un nuevo elemento llamado «Notas voz». Desde allí se puede iniciar una nueva grabación. Durante la grabación la pantalla del iPod muestra el número de la nota de voz que se está grabando, la fecha y el tiempo transcurrido. Las grabaciones se pueden interrumpir presionando play/pausa o menú en el iPod. Una vez suspendida se puede reanudar la grabación, detener y guardar o eliminar. Las grabaciones guardadas se muestran en el menú de Notas de voz con la fecha y hora grabación y se pueden reproducir o eliminar en cualquier momento, incluso después de haber desconectado el micrófono del iPod. Al sincronizar el iPod con iTunes, todas las notas de voz grabadas en el iPod se transfieren al ordenador y se añaden a la biblioteca iTunes como si fuesen canciones. Hay que tener en cuenta que el iPod graba en formato WAV y las notas de voz ocupan mucho más espacio por minuto que las canciones en formato MP3 o AAC.

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La calidad de audio en las grabaciones es muy buena, más que adecuada para grabar interpretaciones, entrevistas, clases, conferencias o podcast, que luego puedes usar en el ordenador para practicar, corregir o mejorar.

Con este micro he convertido mi iPod en una grabadora de audio estéreo de alta calidad. Lo más interesante de este tipo de accesorios es que añaden una nueva función y se integran a la perfección con la interfaz del iPod y que las grabaciones se sincronizan de manera automática con iTunes. El aspecto negativo, sin contar el precio, es que el audio se almacena en formato WAV en vez de MP3, y por lo tanto las grabaciones ocupan muchísimo espacio.

Y si además somos ingeniosos y habilidosos, hasta podemos utilizar el iPod y su Macally para ¡llamar por teléfono!

La autocrítica es el primer paso de la superación

Retrato del intérprete ideal

Hace unos años la AIIC organizó un estudio, coordinado por Jennifer Mackintosh, sobre la percepción que los usuarios tenían del trabajo de interpretación. Para ello se diseñó un cuestionario y se analizaron los resultados que reflejaban los puntos de vista de más de 200 participantes, en 84 conferencias, en 25 países.

Según las respuestas a una serie de entrevistas, el ‘intérprete ideal’ habla de una manera clara y animada pero sin histrionismos, comprende el tema de la reunión y conoce la terminología; utiliza frases completas, correctas gramaticalmente y las enuncia sin vacilaciones ni aspavientos. De hecho, la cualidad que más valoraron los oyentes fue la claridad de expresión. Para ellos, el intérprete ‘ideal’ es fiel al significado del discurso original, por encima de otras consideraciones y haciendo esto se concentra en lo esencial en lugar de intentar reproducir literalmente todo lo que dice el orador. Su producción es regular y se mantiene lo más cerca posible del original (de hecho, el 34% de los entrevistados afirmaba sentirse incómodo si el intérprete esperaba mucho rato antes de empezar a hablar, o hacía pausas demasiado prolongadas durante un discurso). Los acentos no nativos o regionales parecer ser que no molestaban mucho a los oyentes (el 50% no daba importancia al acento y al 24% no le molestaba; sólo un 8% dijo que era muy molesto, un 14,4% que era molesto; y el resto eran contestaciones del tipo ‘no sabe’).

Cuando se les preguntó sobre cuanto tiempo pensaban que tenía que estar trabajando un intérprete sin descanso, el 22% dijo 20 minutos, el 28,5% hasta 30 minutos, el 6% dijo que hasta una hora y el 5,5% durante toda una presentación, lo cual sugiere que los cambios de voz y estilo durante un discurso pueden molestar a algunos oyentes.

Las respuestas fueron bastante variadas, sin embargo indicaban que la interpretación se ve como una profesión de mucha tensión y bastante exigente, equiparable, en este sentido, a la de pilotos y controladores aéreos, médicos de urgencias y cirujanos, o periodistas, por ejemplo.

El estudio ahonda en otros aspectos interesantes para el intérprete y nos da una idea de lo que piensan los oyentes del trabajo del intérprete , así como de cuales son los fallos que debieran subsanarse.

vía: AIIC