Un concabinato muy especial
Silvia Broome trabajaba como intérprete en la sede de Naciones Unidas en Nueva York y de manera fortuita escuchó un plan para asesinar a Edmond Zuwanie, Presidente de la República Democrática de Matobo. Tobin Keller, agente del servicio secreto de las Naciones Unidas, se hizo cargo de la investigación del caso y acabó convirtiéndose en el protector de Silvia. No sigo, porque a estas alturas todos sabemos de qué película estoy hablando
Protagonizada por Nicole Kidman y Sean Penn, La Intérprete, es el primer largometraje que, hasta la fecha, ha recibido permiso para poder rodar en la sede de las Naciones Unidas.
Durante casi cinco meses el equipo de producción pudo hacer uso de casi todo el complejo de las instalaciones de la ONU, desde los salones del Consejo de Seguridad hasta la Rosaleda. Sólo se les exigió que rodaran fuera del horario de trabajo y durante los fines de semana para no interrumpir el trabajo de Naciones Unidas.
Rodar en el interior del edificio de la ONU tiene sus pegas, entre otras, enfrentarse a unas medidas de seguridad realmente draconianas (todos los miembros de la producción, estrellas incluidas, tuvieron que llevar identificaciones especiales y pasar por controles de seguridad diariamente; había perros amaestrados para descubrir bombas que olían el equipo y los materiales de forma regular, etc.)
Para poder reflejar de manera adecuada el ambiente de una reunión de la Asamblea General se emplearon 1200 extras vestidos con ropa tradicional y europea para llenar la sala (algunos miembros de la Asamblea General se ofrecieron para participar con la esperanza de aparecer en un primer plano).
En casi todas las escenas, se utilizaron los muebles y la decoración existente excepto en el caso de las cabinas de interpretación (una pieza importante de la historia). El diseñador de producción tuvo que recrear unas cuantas en un estudio, más que nada porque las cabinas son tan pequeñas que era imposible rodar en su interior.
Para preparar su papel Nicole Kidman tuvo la ocasión de estar presente en algunas reuniones del Consejo de la ONU, conoció a diversos intérpretes y trabajó con un especialista lingüístico, Tim Monich, para aprender el Ku, idioma ficticio del país inventado al que representa en el film, y hablarlo con fluidez. AIB ha hablado con uno de esos afortunados intérpretes que compartieron cabina con Nicole Kidman, y en este vídeo de Lourdes (AIB) podréis escuchar a Dwight narrando su experiencia del rodaje de la película en Naciones Unidas:
Reseña sobre la película de AIIC: Opinión de los (verdaderos) Intérpretes acerca de LA INTÉRPRETE
Dirección: Sydney Pollack.
Países: Reino Unido y USA.
Año: 2005.
Duración: 128 min.
Género: Thriller, suspense.
Interpretación: Nicole Kidman (Silvia Broome), Sean Penn (Tobin Keller), Catherine Keener (Agente Dot Woods), Yvan Attal (Philippe), Jesper Christensen (Nils Lud), Earl Cameron (Edmund Zuwanie), Sydney Pollack (Jefe Pettigrew), George Harris (Kuman-Kuman), Michael Wright (Marcus), Maz Jobrani (Mo), Tsai Chin (Luan).
Guión: Charles Randolph, Scott Frank y Steven Zaillian; basado en un argumento de Martin Stellman y Brian Ward.
Producción: Tim Bevan, Eric Fellner y Kevin Misher.
Producción ejecutiva: Sydney Pollack, Anthony Minghella y G. Mac Brown
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Darius Khondji.
Montaje: William Steinkamp.
Diseño de producción: Jon Hutman.
Vestuario: Sarah Edwards.
Harry Obst, lecciones de un intérprete diplomático
Acaba de salir a la luz un nuevo libro que tiene como autor y protagonista a un afamado intérprete estadounidense. El libro se titula White House Interpreter: The Art of Interpretation y su autor es Harry Obst.
Obst nació en Konigsberg, la capital de la Prusia Oriental, en 1932, una ciudad vibrante de cerca de 400,000 habitantes y cuna del famoso filósofo Kant y del escritor E.T.A. Hoffmann, pero que quedó totalmente destruida al final de la segunda guerra mundial, y pasó a manos soviéticas para llamarse Kaliningrado. Cuando Hitler comenzó la segunda guerra mundial Obst tenía 7 años, su padre fue reclutado y enviado al frente en Rusia donde pereció. A los 17 años escapó de la Alemania federal comunista y en 1956, tras licenciarse en la Universidad de Maguncia, se trasladó a Munich esperando encontrar trabajo como traductor de libros o documentos escritos en inglés o francés ya que en esa época había muchas editoriales en esa ciudad. No tuvo demasiado éxito y acabó vendiendo maquinaria de oficina. Por casualidades de la vida, un día se encontraba almorzando en un restaurante cuando entraron tres americanos y se sentaron en una mesa cercana. El menú estaba escrito en una jerga bávara y los extranjeros no conseguían entenderlo. Obst les ofreció su ayuda y acabó sentándose a su mesa. Resultaron ser tres empleados del consulado americano que estaban buscando refugiados como él, ya que el 31 de diciembre de ese año finalizaba el plazo que establecía la ley de asistencia a los refugiados (Refugee Relief Act) para llevar a Estados Unidos a todos aquellos refugiados que hubieran perdido su hogar como consecuencia de las acciones llevadas a cabo por este país. A finales de enero de 1957 ya estaba volando hacia Estados Unidos, como emigrante legal, donde recibiría la ciudadanía en 1963.
Harry Obst trabajó en su país de acogida como intérprete diplomático para el Departamento de Estado, en Washington, llegando a interpretar para 7 presidentes norteamericanos (Johnson, Nixon, Ford, Carter, y Reagan, entre otros). De 1984 a 1997 dirigió la Oficina de Servicios Lingüísticos del Departamento de Estado (Office of Language Services) y de 1997 a 2004 fue Director y profesor de la Escuela Inlingua de Interpretación en Arlington (Washington). Desde su jubilación compagina su labor como intérprete con la de conferenciante, escritor y profesor, tanto en Europa como en Estados Unidos.
Si algo caracteriza a este intérprete es su sagacidad, tranquilidad, optimismo y pragmatismo, valga a modo de ejemplo algunos de sus consejos:
We are detectives, hunting for clues. Inferential reasoning is easier the more clues you pick up on. Deductive reasoning is easier the more general knowledge you already have.
It is his position that all interpreting uses the same essential skills: listening, useful notes, and improved short-term memory. He also declares the world to be two dimensional: envision a chart or grid – across the top is “who (or what) does what to whom (or what)”. Down the left side is “when where how why”. The rest of this two-dimensional world is just putting the right notes in the right box.
About 75% of all messages are of this type and as good detectives we can use strategic listening to anticipate content, taking a considerable load off. The remaining 25% are descriptive messages with the verb “to be” or “to have”, plus a few standard salutations, exclamations, and warnings. Harry is not reluctant to tell interpreters that analytical skills and general knowledge are more important than a keen eye for the bon mot.
Vía: Witsnet , Apuntes online y The Dicetower
Lady Fairweather: intérprete y escritora
En el verano de 1994 se celebró la cumbre del G7 en Nápoles, donde se habían reunido los países más ricos del mundo, con el líder del Kremlin como invitado de honor. El Presidente Bill Clinton y su homólogo ruso Borís Yeltsin tenían que hablar con urgencia, pero el intérprete oficial había desaparecido en un momento crucial, justo antes del banquete. John Major, el entonces Primer Ministro, recurrió a uno de sus invitados –la esposa de Sir Patrick Fairweather, el embajador británico en Italia– para que hiciera las veces de intérprete. Gracias a la intervención de Maria Fairweather, lingüista e intérprete profesional de renombre, los dos líderes pudieron concluir sus conversaciones, evitando seguramente una crisis. Fairweather pasó la velada en el Palacio Real de Caserta, saltando del ruso al francés, y del italiano al inglés; cuatro de los siete idiomas que hablaba con soltura.
Fairweather distaba mucho de ser la típica esposa de un diplomático británico. Nacida en Irán de padre griego y madre rusa pasó la mayor parte de su vida viajando por todo el globo. Trabajó como intérprete profesional, se licenció en ruso e historia, escribió dos biografías aclamadas por la crítica e incluso hizo su discreta aportación para el gobierno en plena guerra fría. A pesar de su origen y de su incansable vida viajera, fue una ferviente anglófila y sin lugar a dudas consideraba Inglaterra su hogar.
Maria Merica nació el 4 de noviembre en Teherán en 1943. Su padre procedía de una familia griega que había sido expulsada de Estambul después de la primera guerra mundial. Su madre era rusa, de origen parcialmente armenio, y su familia había huido de Kiev después de la revolución Bolchevique. En sus memorias, que empezó a escribir poco antes de su muerte, el pasado mes de marzo, describía como la enviaron a estudiar a Inglaterra con 10 años. Para entonces ya hablaba cinco idiomas y le sorprendió averiguar que en la Gran Bretaña de los años cincuenta la palabra «cosmopolita» tenía un sentido un tanto peyorativo. Para ella se trataba de una cualidad a la que debiera aspirar todo el mundo.
