Términos medioambientales
Preparando una conferencia sobre teledetección, sensores, satélites y órbitas, me topé con la página de la Agencia Europea de Medio Ambiente, que ofrece un servicio de búsqueda de terminología medioambiental, muy útil para traductores e intérpretes: Environmental Terminology and Discovery Service (ETDS).
Esta base de datos ofrece terminología en varios idiomas (AR; BG; CS; DA; DE; EL; EN; EN-US; ET; EU; FI; FR; HU; IT; LT; LV; NL; NO; PL; PT; RO; RU; SK; SL; SV; TR), no sólo sobre el medioambiente sino también sobre otros temas afines como la contaminación atmosférica, la biodiversidad, productos químicos, cambio climático, salud, uso del suelo, recursos naturales, ruido, suelo, residuos y recursos materiales, agua, agricultura, energía, pesca, consumo de los hogares, industria, población y economía, turismo, transporte, etc.
En cada entrada, además de la traducción del término, a veces también podemos encontrar imágenes, definiciones (en inglés), enlaces a otros temas o términos relacionados, publicaciones, mapas y gráficos, datos, indicadores multimedia, etc.
Sirva de botón de muestra la entrada sobre teledetección.
Hotspots
El término biodiversity hotspots –acuñado por el ecólogo Norman Myers en 1988– me trae por la calle de la amargura. Según Myers y otros ecólogos, los llamados hotspots son hábitats que contienen un gran número de especies endémicas, y que deben conservarse adecuadamente para evitar extinciones masivas en el futuro.
En la base de datos terminológica de Naciones Unidas (UNTERM) se traduce biodiversity hotspot como zona de gran diversidad biológica o zona de singular riqueza ecológica. También he leído en numerosas ocasiones “zonas calientes” y “puntos calientes”, pero por ahí si que no paso; me resisto. En la página de CITES (Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres) y en la FAO he encontrado finalmente una traducción más razonable, además de más breve (teniendo en cuenta lo importante que es economizar palabras cuando estamos en cabina): zonas críticas o puntos críticos.
Según dice la FAO en su informe “El estado mundial de la agricultura y la alimentación” de 2007, la organización Conservation International (que adoptó el concepto de Myers en 1989) traza mapas de puntos críticos de biodiversidad. En concreto, estos puntos críticos conservan numerosas especies endémicas, aunque el área total del hábitat que se conserva abarca únicamente un 2,3 por ciento de la superficie de la Tierra. Cada punto crítico se enfrenta a amenazas extremas y ya ha perdido un 70 por ciento, como mínimo, de su vegetación natural original. Más de un 50 por ciento de las especies vegetales del mundo y un 42 por ciento de las especies de vertebrados terrestres son autóctonas de 34 puntos críticos de biodiversidad. La base de datos sobre especies de puntos críticos de biodiversidad puede consultarse en la siguiente dirección: www.biodiversityhotspots.org.
La más difundida de las clasificaciones para los estados de conservación es la elaborada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, que compila la llamada Lista Roja de especies amenazadas. La penúltima versión de esta clasificación, publicada en 2001, distingue ocho categorías, cuya traducción adjunto.

Biodiversidad
Mañana es el día mundial de la alimentación y los datos que nos aporta la FAO son estremecedores:
- cerca de 950 millones de personas pasan hambre en el mundo (una cantidad superior a la población de EE. UU., Canadá y la Unión Europea)
- alrededor de 15 millones de personas mueren de hambre cada año (30.000 personas cada día)
- El 60% de los hambrientos son mujeres
- Cada año hay 4 millones más de personas que pasan hambre en el mundo.
En 2001 la FAO aprobó el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura que entró en vigor el 29 de junio de 2004.

El Tratado es un instrumento fundamental para afrontar a escala casi mundial el grave asunto de la biodiversidad y es crucial en la lucha contra el hambre y la pobreza. No sólo reconoce los derechos tecnológicos o de invención en la restauración y mejora de variedades, los llamados derechos del obtentor, sino que se reconocen también los derechos del agricultor como verdadero e imprescindible protagonista de la biodiversidad. No hay que olvidar que los grandes depósitos de la biodiversidad están en los territorios más pobres.
El problema de la biodiversidad es el problema de nuestros recursos alimentarios y de nuestra agricultura; y se trata de rectificar un proceso que comenzó hace 10.000 años, cuando el hombre utilizaba cerca de 8.000 especies de plantas para su alimentación; hoy en día se emplean tan sólo 150. Y eso no es todo. Con 12 especies vegetales y cinco animales se cubre el 70% de las calorías y de las proteínas de la alimentación humana. En realidad son el trigo, el maíz, el arroz y la patata el gran sustento de la Humanidad.
El ejemplo clásico que ilustra la importancia de la biodiversidad es la famosa hambruna de Irlanda. En el siglo XIX el hongo Phytosphora infestans asoló todas las plantaciones de patatas. Casi dos millones de irlandeses murieron en dos o tres años, y otros varios millones tuvieron que emigrar a EE. UU. Se intentó combatir la plaga con todos los medios químicos, pero sin éxito alguno. Afortunadamente, a alguien se le ocurrió ir al lugar de origen de la patata, América, para ver si allí existían variedades inmunes a Phytosphora infestans. Efectivamente, con cruzamientos genéticos de variedades peruanas, bolivianas y ecuatorianas se consiguió solucionar el problema.
Hemos perdido un inmenso patrimonio genético que nos permitiría hacer frente a cambios medioambientales, plagas y pandemias mediante el uso de un amplio abanico de variedades.
