La ejecución de cualquier trabajo implica el desarrollo de una serie de operaciones motoras y cognoscitivas. Los mecanismos físicos y mentales que el intérprete debe activar van a determinar la carga mental o cognitiva, es decir, el grado de procesamiento de información que realiza para desarrollar esa tarea.

Para valorar la carga mental se suelen emplear métodos objetivos, como los parámetros fisiológicos (variación cardíaca, ocular, cortical o respiratoria) y subjetivos, basados en la impresión subjetiva del intérprete, sobre su estado de fatiga o sobre los factores que son susceptibles de desencadenarla.


Una de las técnicas quizás más interesantes para explorar el procesamiento de la información es la pupilometría cognitiva , una disciplina que intenta establecer la relación que existe entre los cambios pupilares y las demandas de procesamiento exigidas en una tarea. En 1990 Jorma Tommola y Jukka Hyönä, de la Universidad de Turku en Finlandia, ya realizaron una serie de experimentos entre intérpretes para medir, a través de la respuesta pupilar, las variaciones que se producían en la carga mental durante el proceso de interpretación simultánea, comparándolo con otras tareas de procesamiento lingüístico. Si la dilatación pupilar refleja adecuadamente la carga mental cognitiva, la tarea más compleja, en ese caso la interpretación simultánea, debiera asociarse con un aumento del tamaño pupilar. Tommola y Hyönä presentaron los resultados de los experimentos y las conclusiones en el noveno congreso mundial de lingüística aplicada que se celebró en Tesalónica (Grecia), del 15 al 21 de abril de 1990. Merece la pena echar un vistazo al artículo:

TOMMOLA, J., HYÖNÄ, J. 1990. Mental load in listening, speech shadowing and simultaneous interpreting: A pupillometric study. En: J. Tommola (Ed.), FOREIGN LANGUAGE COMPREHENSION AND PRODUCTION (pp. 179-188). AFinLA Yearbook, Turku Publication of the Finnish Association for Applied Linguistics, 48.

Leí hace años que si Orfeo, el hombre con voz de dios que venció el canto de las sirenas, ejerciera de intérprete es más que probable que tuviera que acudir a un especialista para cuidar su principal instrumento: la voz.

La voz es la «herramienta» de trabajo fundamental de los intérpretes, y de muchos otros profesionales, y por eso es tan importante conocer bien las técnicas de relajación y de respiración, para prevenir disfonías y evitar que se dañe.

Uno de los mayores expertos en el cuidado y manejo de la voz fue Michael McCallion, que desgraciadamente falleció hace ya algunos años. Este británico dedicó toda su vida a estudiar, analizar y enseñar cómo disfrutar del don de la voz y desarrolló un método propio de colocación y emisión, que tiene en cuenta las variantes fisiológicas y psicológicas y que implica a todo el cuerpo.

En este vídeo vemos a McCallion en un taller que realizó hace años sobre el manejo de la voz:

Para ayudar a resolver los problemas de voz, McCallion no trabajaba sólo con los sonidos, sino con todo el cuerpo. «La voz es el resultado de la forma de vida que llevamos y de cómo usamos el cuerpo», afirmaba. «Si aprendemos a mantener un balance equilibrado entre la cabeza, la nuca y la espalda se adquiere un óptimo sentido de la dirección y la voz se encuentra libre para ser utilizada plenamente en toda su capacidad». Todas las acciones deben estar dirigidas desde la cabeza. Son los tres mandamientos únicos de Alexander, «un hombre de gran inteligencia que inventó un método de vivir difícil de explicar, incluso para él mismo, en los cuatro libros que escribió». Para McCallion, el método Alexander fue «el descubrimiento más importante del siglo XX en cuanto sistema de vivir y actuar en la sociedad», un medio de relajación y dirección corporal que puede coincidir con otros métodos más conocidos en España, como la bioenergética, el gestalt o el taichi.

Basándose en este método, Michael McCallion escribió libros y preparó a actores, políticos, periodistas, predicadores, abogados y presentadores de la televisión. Su obra más conocida, El libro de la voz, destila más de veinticinco años de experiencia en una serie de técnicas sencillas para preservar la voz; y más aún, para enriquecerla y dotarla de la máxima expresividad.

Actores, actrices y cantantes, locutores y periodistas, pero también políticos, oradores, profesores, conferenciantes, profesionales de las ventas…; todos ellos tienen en común que, en mayor o menor medida, dependen de la voz para ejercer su profesión. La voz es su instrumento de trabajo. Y, como cualquier instrumento, hay que saber manejarlo para obtener el mejor rendimiento y cuidarlo para que dure. El uso de la voz nos exigió a todos un largo aprendizaje: el potente llanto del recién nacido, nuestros primeros balbuceos, las palabras aprendidas imitando a nuestros padres, la adquisición de vocabulario y la capacidad, por fin, de comunicar plenamente nuestras ideas y emociones. Después, con los años, muchas veces lo olvidamos y damos por supuesto que ya sabemos utilizarla, que tenemos una voz para siempre, que siempre será la misma y siempre dispondremos de ella para expresarnos. Pero si vivimos de nuestra voz, es imperativo que sepamos hacer un buen uso de ella. Debemos saber cómo se produce, para mejorar la dicción, por ejemplo; cómo utilizarla con la mayor eficacia, y cómo cuidarla, para evitar perderla cuando más la necesitamos.

Card-Front[1]

Hace un año ya que comenzó la andadura de este blog en el que -según las estadísticas- se han publicado 156 entradas, 106 comentarios, 18 categorias, 535 Tags, y por donde han pasado muchas más visitas de las que esperaba. Lo que no dicen las estadísticas es todo lo que he aprendido, lo bien que lo he pasado y la cantidad de buena gente que he podido conocer en la blogosfera.

Para celebrarlo y empezar este segundo año con buen humor, recupero uno de mis primeras entradas:

El video ilustra muy bien el concepto tan erróneo que tiene mucha gente sobre el trabajo de traductores e intérpretes. Muchos creen que cualquiera que “hable” un idioma puede hacer este trabajo y otros piensan que es cuestión de apretar un botón y la traducción “sale” automáticamente por los auriculares …. Afortunadamente también hay muchas personas que saben lo que cuesta hacer bien las cosas. ¡Soberbia la actuación de Catherine Tate!

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Las recientes investigaciones sobre neurobiología y bilingüismo señalan que el dominio de dos idiomas, especialmente desde niños, no solo mejora la capacidad de concentración sino que podría ser también beneficioso para prevenir la aparición de demencia senil y otras enfermedades similares. Otros estudios sugieren que el bilingüismo podría retrasar –hasta 4 años– el desarrollo de enfermedades vinculadas a la demencia senil, incluida la enfermedad de Alzheimer.

Parece ser que los preescolares bilingües se centran más en sus tareas y se distraen menos que sus compañeros monolingües. Es como si el hecho de manejar dos idiomas ayudara al cerebro a agudizar su capacidad para centrarse, evitando información irrelevante. Se especula incluso que el hecho de hablar dos idiomas podría incrementar el flujo de oxígeno y sangre al cerebro, ayudando a mantener las conexiones nerviosas en buen estado, factores que, se cree, previenen la demencia.

De hecho, se ha descubierto recientemente que la materia gris de los adultos bilingües es más densa, sobre todo en el hemisferio cerebral izquierdo, desde donde se controla la mayoría de las habilidades lingüísticas y comunicativas. Este efecto es todavía más pronunciado en aquellas personas que aprendieron un segundo idioma antes de los cinco años, y entre aquellos que dominan su segundo idioma.
Estos resultados indican que ser bilingüe desde una temprana edad altera de manera significativa la estructura del cerebro.

Los detalles de este interesante estudio están en el número de septiembre de la revista Brain briefings.

Estar en contacto con la naturaleza mejora la memoria y la atención, según una investigación de la Universidad de Michigan (EE. UU.), publicada en la edición de diciembre de Psychological Science, que confirma la teoría popular de que es bueno salir a tomar el aire o dar una vuelta para despejarse.

Marc Berman, John Jonides y Stephen Kaplan, de la facultad de Psicología de la Universidad de Michigan han descubierto que la memoria y la atención mejoran un 20 por ciento después de pasar una hora en contacto con la naturaleza o simplemente dando un paseo por un parque.

Según los científicos, las distracciones y el bullicio de la ciudad estimulan a la gente, pero parece que consumen atención y memoria, mientras que la naturaleza tiene un efecto calmante y regenerativo en las personas. De hecho, según los investigadores, salir de paseo (y mandar a paseo a según quién, relaja mucho también) y tomar el aire ayudan a mejorar la memoria y la atención; relajan y favorecen la concentración. Tomamos nota.

Vía: EFE, 16 diciembre de 2008

Hay pocas actividades que requieran tanta concentración o que sean tan exigentes para la mente como la interpretación simultánea. Hace ya unos años que se vienen realizando -¡por fin!- estudios sobre el trabajo de los intérpretes y el nivel de tensión y estrés al que se ven sometidos y sus consecuencias para la salud. Se habla, por ejemplo, de una tensión positiva, que permite al organismo interactuar con su entorno y de una tensión más negativa que puede tener consecuencias perjudiciales para la salud. Hay teóricos que distinguen entre el estrés psicológico o emocional (miedo, responsabilidad, nivel de autoexigencia, etc.) –que varía según las personas y que depende de como el individuo perciba una situación determinada– y un estrés ambiental, más objetivo (ruidos, interferencias en el sonido, densidad del discurso, velocidad del orador, etc.).

Cuando nos ponemos los auriculares antes de empezar una conferencia siempre se siente un cierto nivel de tensión [hasta el intérprete más experimentado pasa nervios alguna vez] puesto que se es consciente de que pueden surgir conceptos desconocidos, acentos difíciles, una ponencia no prevista y además leída, oradores que intentan emular a Fitipaldi, etc. Está claro, que son cosas fuera de nuestro alcance y que -nos guste o no- son inherentes a la profesión, pero la formación, preparación y, por supuesto, la experiencia y las tablas ayudan al intérprete a reaccionar con rapidez y a salir más o menos airado de lances así. Ahora además, se habla mucho de la Técnica Alexander (desarrollada por el actor australiano Frederick Matthias Alexander a finales del siglo XIX) empleada en la formación de actrices y músicos y que parecer ser ha mostrado su utilidad en el campo de la interpretación para reducir el nivel de estrés y ansiedad y mejorar la postura. Marta Renau-Michavila tiene un artículo muy completo sobre la aplicación de esta técnica en el mundo de los intérpretes. Yo de momento me conformo con Pilates.