Laudatio al orador
Etiquetar a ponentes y conferenciantes, decía hace unos meses, resulta práctico y útil a modo de táctica preventiva, pero también resulta sencillo pasar de la mera clasificación con fines pragmáticos a la crítica fácil de vertiente negativa. Al igual que nos quejamos por salir sólo en los medios cuando algo sale mal, lo cierto es que nosotros mismos hablamos sólo de los ponentes o conferenciantes para quejarnos de su velocidad, de la falta de documentos, o del acento endemoniado, por poner algún ejemplo, y pocas veces exponemos los méritos de nuestro objeto de interpretación. Supongo que es condición humana. Sin embargo, en esta ocasión sí que me gustaría hablar de aquellos ponentes que –después de muchos años– atesoro en la memoria por muchas razones: por su excelencia profesional, su humanidad o su excepcionalidad como personas. Muchos ya no están aquí, pero sigo recordándolos con profundo agradecimiento por las horas que dedicaron a explicarme conceptos científicos desconocidos para mí, por la comprensión y bendita paciencia que tuvieron conmigo y por saber escuchar y querer aprender también de esta profesión de la que eran cómplices. Hay oradores que te ponen el discurso en bandeja y hacen que hasta creamos que nuestro oficio es fácil; oradores apasionados por su trabajo que te hacen participes de esa emoción; oradores con un bagaje profesional que quita el hipo pero de una humildad desconcertante; científicos que son capaces de explicar los conceptos más complicados con una sencillez que sólo los sabios de verdad poseen; personas muy grandes de las que he aprendido y a las que he tenido el privilegio de interpretar.
Segundo aniversario de bootheando
Hoy BOOTHEANDO cumple dos años y no podría estar más contenta de haber tomado la decisión de lanzarme a la blogosfera aquel verano de 2008. El balance de estos dos años es más que positivo. Empecé a escribir el blog para aprender sobre las posibilidades del mundo 2.0 y sobre todo para compartir todo lo que había aprendido hasta ahora sobre esta fascinante profesión de intérprete, para volcar todo tipo de novedades y de información que pudieran interesar y servir a otros intérpretes, para reflexionar sobre el sector de la interpretación y la traducción, para plasmar todo lo que me llamaba la atención desde dentro y fuera de la cabina. En ocasiones conciliar vida familiar, laboral y bloguera puede llegar a resultar un tanto agotador, pero cualquier duda se desvanece inmediatamente ante los inesperados comentarios o correos, o las visitas y contactos desde todos los rincones del mundo.
Bootheando se estrenó el 1 de septiembre de 2008 con una entrada que se titulaba ¿Por qué bootheando?. Veinticuatro meses después sigo aquí, con voz propia. Gracias a tod@s por otro año más.
Alfónsigos y pistachos

Llevo años traduciendo e interpretando sobre pistachios y otros frutos mediterráneos, pero hasta que no me puse a trastear en el proyecto ANTHOS [un programa desarrollado al amparo de un convenio específico entre la Fundación Biodiversidad y el Real Jardín Botánico (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) para mostrar en Internet información diversa sobre las plantas de España], no supe del verdadero nombre de este suculento fruto. Cuando aterricé en la página del pistacho (Pistacia vera), cuál no sería mi sorpresa al descubrir que el nombre de esta planta desértica era alfónsigo o alfóncigo (y también alfócigo, alfonsic, alfosigo, alhócigo, alhosigo, alhostigo, alhóstigo, alpistasia, árbol de los pistachos, fístico, picacho, pistachero, o -finalmente- pistacho). Basta echar un vistazo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:
1. m. Árbol de la familia de las Anacardiáceas, de unos tres metros de altura, hojas compuestas y de color verde oscuro; flores en maceta, y fruto drupáceo con una almendra pequeña de color verdoso, oleaginosa, dulce y comestible, llamada pistacho. Del tronco y de las ramas se extrae la almáciga.
Según la RAE, la palabra Alfónsigo o Alfóncigo deriva del árabe hispano «alfústaq» como derivación de la palabra del árabe tradicional «fustuq», que significaría «el que posee pistachos». A su vez la palabra «Pistacho» nos ha llegado del Persa por la vía del Latín, y es equivalente al término پسته Peste, del Persa Moderno.
También ignoraba que el cultivo del pistachero se introdujo en España en la época romana, y que lo desarrollaron los árabes. Desaparecería en la Edad Media con los moriscos, tal vez por la eliminación de árboles machos improductivos y sus consecuencias. La reintroducción comercial del cultivo se produjo en 1980.





