Grabando, grabando
Ayer tuve la suerte de interpretar a un correcaminos de Minnesota (Bip Bip), consultor y experto en el posicionamiento de salchichas y demás productos de Oscar Mayer. ¡Qué manera de hablar! Muy interesante, eso sí. Una pena no haber llevado la grabadora, ya que no pude escuchar mi interpretación. Conociéndome como me conozco, estoy convencida de que si lo hubiera hecho, estaría hundida en la miseria, o escondida debajo de una silla, atormentándome por haberme dejado arrastrar por la inercia del discurso del orador, y repitiéndome sin parar: síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación, síntesis, décalage, reformulación…..
Grabarse y oírse es esencial para poder mejorar y para aprender a interpretar bien; y hay que ser muy metódico. Conozco a muchos colegas que tienen verdadera aversión a las grabadoras. ¿Cómo vamos a mejorar si no sabemos cómo interpretamos? Los músicos se escuchan, los bailarines se miran en el espejo, muchos médicos graban sus intervenciones y muchos profesores también graban sus clases. ¿Por qué será que a algunos intérpretes les cuesta tanto escucharse? Las palabras del Maestro Viaggio son muy elocuentes en este sentido:
¡La primera vez que me escuché casi me muero! Cada vez que excedía cierta velocidad, la voz se me subía a un falsete insoportable; para no hablar de los vicios más irritantes, como las vacilaciones, las autocorrecciones innecesarias, las frases empezadas antes de tiempo y terminadas con toda torpeza, la sintaxis acartonada, el uso abrumador de perífrasis verbales (siempre “formular una propuesta”, y jamás sencillamente “proponer”) o de verbos nominalizados (“para la solución del problema”, y nunca lisa y llanamente “para solucionar el problema”), el léxico insulso, la entonación monocorde… en suma, la absoluta antinaturalidad de la elocución que sigue aquejando a tantos colegas que no son conscientes de ella porque nunca se han oído interpretar.
Marchando una de patatas
Acabo de leer un artículo muy interesante en la revista Entreculturas (No. 1, de 27-03-2009) que es el resultado parcial de una investigación terminológica y traductológica llevada a cabo en el Departamento de Lingüística General y Teoría de la Literatura de la Universidad de Granada sobre la problemática de traducción que presenta la terminología especializada de la agricultura dentro de la combinación lingüística francés-español. Este estudio de Enriqueta Tijeras López, titulado «Sobre la traducción de términos agrícolas del Francés al español: estudio de caso», se basa en la terminología bilingüe de la patata, extraída de un corpus especializado en francés y en español, publicado en Francia en 2004.
A muchos les puede parecer raro que prestemos tanta atención a una patata, pero al menos yo, como intérprete que trabaja en el ámbito de la agricultura y ciencias afines, encuentro este estudio de lo más útil. Y que quede claro que la patata da mucho de sí.
Patata. (Cruce de papa y batata).
1. f. Planta herbácea anual, de la familia de las Solanáceas, originaria de América y cultivada hoy en casi todo el mundo, con tallos ramosos de cuatro a seis decímetros de altura, hojas desigual y profundamente partidas, flores blancas o moradas en corimbos terminales, fruto en baya carnosa, amarillenta, con muchas semillas blanquecinas, y raíces fibrosas que en sus extremos llevan gruesos tubérculos redondeados, carnosos, muy feculentos, pardos por fuera, amarillentos o rojizos por dentro y que son uno de los alimentos más útiles para el hombre.
