Profesores de español para Portugal

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El Ministerio de Educación portugués necesita profesores de español para responder a la demanda de la enseñanza pública.

Para cubrir plazas hasta 2013 ha abierto un concurso a licenciados en una lengua extranjera o a aquellos con el Diploma del Cervantes.

El aumento del interés en aprender español por los alumnos de la enseñanza pública portuguesa ha dejado al país vecino prácticamente sin docentes y el Ministerio de Educación luso ha encontrado una solución envuelta en polémica. Para cubrir las plazas hasta el 2013 ha abierto un concurso para 220 personas en el que se pueden candidatar titulares de licenciaturas de una lengua extranjera con la variantes del español e incluso aquellos que tengan el Diploma Español de Lengua Extranjera (DELE), nivel C2, del Instituto Cervantes.

Una decisión criticada por la Asociación Portuguesa de Profesores de Español como Lengua Extranjera (APPELE) que la considera «una profunda injusticia equiparar a colegas con titulaciones y caminos de formación muy diferentes». Además cree que es «inaceptable que un docente pueda dar lecciones sin garantías de ser suficientemente competente en la materia». Se pide la formación urgente de docentes de castellano para acompañar el crecimento continuo de alumnos.

Desde el Ministerio de Educación aseguran que hay más horarios disponibles que profesores cualificados y por ello el Gobierno ha alargado el acceso al grupo a profesores con cualificación y formación científica. Tal y como ha explicado el secretario de Estado de Educación, Valter Lemos, «es una situación transitoria que se debe a una situación muy anormal: un crecimiento absolutamente increíble del Español y una enorme falta de profesores de este idioma».

Los responsables de las universidades en donde se imparte formación para profesores de español se han mostrado receptivos a esta medida. «Se han comprometido a invertir más y formar más profesores en esta área y a abrir cursos para que profesores de otros idiomas puedan realizar la variante del español».

Según la ministra de Educación, Maria de Lourdes Rodrigues, «el problema es de prioridades, no de lugar. Habrá plaza para todos y para cuantos más hubiese. Lamentablemente tenemos mucha falta de profesores. Nos quedamos com más de 600 horarios por ocupar en español».

Haber llegado a esta situación se debe a la creciente búsqueda de la enseñanza del español en Portugal que ha pasado de tener poco más de cinco mil alumnos en el curso 2004/2005 a llegar prácticamente a los cincuenta mil en el presente curso. «Se esta progresión del número de alumnos continúa, tendremos sesenta mil el próximo curso», avanza Valter Lemos. La posibilidad de cursar estudios superiores en España así como poder tener acceso al mercado laboral de nuestro país son dos de los princiapales motivos por los que los jóvenes portugueses deciden estudiar castellano. La Consejería de Educación de España en Portugal está preparando junto a las autoridades lusas la entrada del español como segundo idioma para los alumnos de seis años.

Vía: Belén Rodrigo, ABC

El intérprete de Vargas Llosa

98704039801Acabo de terminar de leer la última novela de Mario Vargas Llosa, Travesuras de la niña mala, que narra las desventuras amorosas de Ricardo Somocurcio, un traductor e intérprete que emigra del Perú muy joven hacia el París de sus sueños, y allí su vida da un giro al reencontrarse con el amor de su infancia, con la que vivirá una relación tormentosa y enfermiza durante cuatro décadas, con el trasfondo de los tumultuosos cambios políticos y sociales que se vivieron en la segunda mitad del siglo XX en lugares como Lima, París, Londres, Tokio o Madrid.

Como comenta Justo Serna en ojosdepapel, Vargas Llosa no es el único autor de literatura hispánica que usa la figura del intérprete o del traductor; también Antonio Muñoz Molina y Javier Marías, entre otros, se han servido de personajes que desempeñan nuestra profesión.

La figura del intérprete es, en el fondo, muy literaria y, en el extremo, podríamos tomarla como el epítome del personaje novelesco: es un carácter vacío que se rellena de voces ajenas, de transferencias vicarias, incluso de aquellas que le prestan los autores. Es una profesión intelectual basada en la palabra, en la lengua, una tarea en la que se da la tensión entre la traducción figurada (la libertad creativa) y la versión literal. Por eso, la persona que la ejerce puede tener vivencias semejantes a las que atesora un escritor, razón por la que este o aquel novelista se valen de ese personaje para recrear su propia existencia. Ahora bien, que se dé esta coincidencia no significa que en todos los casos el intérprete sea equiparable. En Vargas Llosa, Ricardo (Ricardito) se siente frecuentemente un depósito vacío o, al menos, un tipo sin ambiciones. O, sí, es una persona de una sola ambición: la de permanecer en la ciudad-luz.

No voy a hacer ninguna valoración de la novela –que me ha parecido soberbia, por otra parte, y de una excepcional destreza narrativa– pero sí me gustaría referirme a la reseña que Danielle Gree hace de la novela en el sitio web de la AIIC , titulada “El intérprete: ¿un profesional anodino?

Choca sin embargo que una persona de la talla de Mario Vargas Llosa, escritor, político prestigioso, sutil e inteligente, haya hecho un retrato tan alejado de la verdad, a ratos incluso despectivo, de los intérpretes. Uno se pregunta si no tendrá cuentas pendientes con alguien de la profesión…

Como intérprete no puedo sino suscribir todas las críticas de Gree y estar totalmente de acuerdo en que Vargas Llosa no hace el retrato de un intérprete modélico, sino de un tipo mediocre al que le importa bien poco su profesión. Pero no nos engañemos, haberlos haylos. Y no solo entre las filas de los intérpretes. También hay profesores, médicos, ingenieros o abogados que podían haberse dedicado a eso como a cualquier otra cosa … Desgraciadamente, no siempre a todos los profesionales les gusta su trabajo y disfrutan ejerciéndolo. Seguro que todos recordamos anécdotas del desinterés con el que nos ha tratado un profesional o la desidia con la que hemos visto ejercer un trabajo. Eso de la satisfacción del trabajo bien hecho y del esfuerzo, parece ser que ya no se valora y pasa a un segundo plano. Pero afortunadamente, los “Ricarditos” no son la regla general, y la mayoría de los intérpretes disfrutamos enormemente con los desafíos y privilegios que nos brinda esta profesión tan agotadora, pero a la vez tan intensa e interesante.