Museo de los horrores

Ya que estamos celebrando Halloween ¿por qué no visitar el museo de los horrores?
¿Quién no se ha reído alguna vez leyendo algún titular disparatado en el periódico o escuchando alguna entrevista o programa en televisión?
No sé si os acordareis del programa “Al habla” que comenzó a emitir “La 2″ en 1996. Una de sus secciones más populares era “El museo de los horrores“, al que los espectadores enviaban cartas con recortes de periódicos y revistas que se empleaban para ilustrar los malos usos del español en los medios de comunicación (malentendidos, erratas, errores sintácticos o gramaticales y usos incorrectos de palabras, etc.), siempre en clave de humor.

Estos recortes que enviaron los espectadores durante las siete temporadas de emisión del programa, se seleccionaron y ordenaron para elaborar una exposición que publica el Centro Virtual Cervantes, y que pretende ser un homenaje a quienes, con tanto interés, se afanaron en bucear en periódicos y revistas en busca de titulares, noticias y pies de foto dignos de museo.

Además de aprender visitando el museo, me he reído mucho con la página “morderse la lengua” que también publica el Instituto Cervantes, y con este vídeo del programa “Palabra por palabra” que también recupera gazapos y ejemplos del mal uso de nuestro idioma.

Un experimento muy solidario

Estoy de suerte. Otra vez se me brinda la oportunidad de vivir en primera persona uno de los términos que llevo años repitiendo en cabina: experimento de elección [choice experiment].

El experimento de elección es un método de preferencias declaradas donde el investigador presenta tres alternativas de compra (comprar el producto X, el producto Y o ninguno). Los entrevistados tienen que escoger la que consideren mejor alternativa en varias situaciones hipotéticas de compra.

En mi caso, se trataba de un experimento cuyo objetivo era conocer las preferencias de los consumidores respecto de dos tipos de jamón curado. Como consumidores, primero teníamos que completar un cuestionario sobre nuestros hábitos de compra de jamón curado y después participar en la compra real de uno de los productos (con el dinero que previamente nos habían dado los investigadores).

Evaluábamos paquetes de 100 gramos de jamón de cerdo blanco de baja curación procedente de Teruel pero sin DO y la única diferencia entre ellos era el precio de venta del paquete y la forma de cría de los cerdos de los que provenía ese jamón (diferentes niveles de bienestar animal)

Lo positivo de esta experiencia no ha sido conocer desde dentro el “término” experimento de elección, ni disfrutar del jamón de Teruel, ni siquiera los euros que nos han llovido de regalo. Lo mejor ha sido sin duda, escuchar a uno de los participantes del experimento decir ¿Y qué os parece si donamos este dinero a Carlos?

¡Qué mejor idea que esa! Pequeña contribución, pero contribución al fin y al cabo.

Retrato del intérprete ideal

Hace unos años la AIIC organizó un estudio, coordinado por Jennifer Mackintosh, sobre la percepción que los usuarios tenían del trabajo de interpretación. Para ello se diseñó un cuestionario y se analizaron los resultados que reflejaban los puntos de vista de más de 200 participantes, en 84 conferencias, en 25 países.

Según las respuestas a una serie de entrevistas, el ‘intérprete ideal’ habla de una manera clara y animada pero sin histrionismos, comprende el tema de la reunión y conoce la terminología; utiliza frases completas, correctas gramaticalmente y las enuncia sin vacilaciones ni aspavientos. De hecho, la cualidad que más valoraron los oyentes fue la claridad de expresión. Para ellos, el intérprete ‘ideal’ es fiel al significado del discurso original, por encima de otras consideraciones y haciendo esto se concentra en lo esencial en lugar de intentar reproducir literalmente todo lo que dice el orador. Su producción es regular y se mantiene lo más cerca posible del original (de hecho, el 34% de los entrevistados afirmaba sentirse incómodo si el intérprete esperaba mucho rato antes de empezar a hablar, o hacía pausas demasiado prolongadas durante un discurso). Los acentos no nativos o regionales parecer ser que no molestaban mucho a los oyentes (el 50% no daba importancia al acento y al 24% no le molestaba; sólo un 8% dijo que era muy molesto, un 14,4% que era molesto; y el resto eran contestaciones del tipo ‘no sabe’).

Cuando se les preguntó sobre cuanto tiempo pensaban que tenía que estar trabajando un intérprete sin descanso, el 22% dijo 20 minutos, el 28,5% hasta 30 minutos, el 6% dijo que hasta una hora y el 5,5% durante toda una presentación, lo cual sugiere que los cambios de voz y estilo durante un discurso pueden molestar a algunos oyentes.

Las respuestas fueron bastante variadas, sin embargo indicaban que la interpretación se ve como una profesión de mucha tensión y bastante exigente, equiparable, en este sentido, a la de pilotos y controladores aéreos, médicos de urgencias y cirujanos, o periodistas, por ejemplo.

El estudio ahonda en otros aspectos interesantes para el intérprete y nos da una idea de lo que piensan los oyentes del trabajo del intérprete , así como de cuales son los fallos que debieran subsanarse.

vía: AIIC

De oradores e intérpretes

En la Sección “5 Sentidos”, del periódico CincoDías, Bernardo de Miguel publica un artículo sobre la interpretación simultánea y habla –desde el punto de vista de organizadores y participantes de conferencias o congresos multilingües– de la necesaria comunicación entre oradores y organizadores haciendo hincapié en el papel mediador del intérprete y de todo aquello que hay que tener en cuenta para que el intérprete pueda realizar una faena aseada: El mejor intérprete es el que no se nota y el mejor orador es el que no obliga al intérprete a improvisar refranes o leer definiciones en un idioma que no es el suyo, por ejemplo.

Hablar con traducción simultánea exige una técnica especial
Basta! Enough! La traducción de esta exclamación puede ser casi instantánea aunque no se dominen completamente el español y el inglés. Pero ‘la gota que colma el vaso’ exige, además de un intérprete profesional, enormes reflejos para expresar en otro idioma una idea similar. Y aun así, tal vez el refrán traducido despiste a los oyentes o les aleje de la intención inicial del orador. La culpa de esos malentendidos, sin embargo, casi nunca es del traductor. La falta de pericia del interviniente suele ser la causa más probable.
‘Nuestra experiencia indica que la capacidad de comunicación de los participantes tiene una importancia clave en las reuniones multilingües’, señala la Dirección general de Interpretación de la Comisión Europea. Y esa institución sabe de lo que habla porque organiza cada año más de 11.000 reuniones con interpretación simultánea hasta en 20 idiomas.
La CE recomienda que los asistentes a encuentros donde se manejan distintos idiomas preparen de antemano la estrategia necesaria ‘para garantizar que el mensaje llega a los destinatarios’. Sus consejos resultan casi de obligado cumplimiento para las delegaciones nacionales que a diario negocian en Bruselas asuntos extremadamente técnicos y de importancia capital para su país. Ignorarlos puede acarrear una humillante derrota política o diplomática. Pero el consejo puede aplicarse a cualquier reunión empresarial multilingüe.
‘La primera recomendación es que se hable siempre que se puedan en la lengua materna, porque se presentan mejor los argumentos y se es mucho más convincente’, explica Javier Hernández-Saseta, intérprete español de la Comisión Europea de francés, inglés, italiano y portugués desde 1992. En las cabinas de interpretación, en efecto, los ceños se fruncen cada vez que un orador se arriesga a debatir en una lengua distinta a la suya, es decir, casi siempre en inglés.
‘A veces se hace por cortesía hacia el interlocutor, otras porque el vocabulario técnico es ya en inglés, pero el resultado es siempre el mismo: pérdida de comunicación’, advierte Antonio Garzón Joli, intérprete de español, francés, inglés y portugués de la Oficina Lingüística Española, una plataforma de intérpretes independientes con sede en Bruselas. Garzón considera especialmente peligrosas las piruetas lingüísticas durante los procesos de negociación: ‘Se puede perder algún detalle o matiz trascendental’.
Pero hablar en la lengua materna tampoco basta para evitar los riesgos de que el mensaje se diluya desde el micrófono al auricular del interlocutor. Los oradores deben tener presente en todo momento que sus palabras llegan al interlocutor a través de un intermediario eficaz, pero no infalible.
‘Los intérpretes no somos máquinas, somos humanos’, recuerda Elena Montiel, traductora jurada por la Universidad de Alicante. ‘Los que hablan deben saber que si lo hacen muy deprisa, incluso quienes hablan su lengua tienen dificultad para seguir su razonamiento’.
La velocidad excesiva se convierte en obstáculo casi insalvable para el intérprete si el orador, además, lee su intervención. ‘Nos viene fatal, porque la lengua escrita es mucho más sofisticada que la hablada’, señala Hernández-Saseta, que aprovecha para resaltar una de las principales diferencias entre traductor (escrito) e intérprete (oral). ‘Ellos son mucho más puristas, porque disponen de más tiempo para buscar la palabra exacta. Lo nuestro es instantáneo’.
Y multidisciplinar. Garzón, por ejemplo, se ha puesto los cascos en Kuala Lumpur (Malaisia) para la cumbre del Movimiento de países no alineados en 2003 y sólo un años antes, en Bruselas, interpretaba disertaciones ‘freudianas’ en el Congreso Mundial de Psicoanálisis Lacaniano. Dentro de unos días prestará sus servicios a los especialistas en la enfermedad de Fabry, un trastorno genético hereditario todavía poco conocido.
‘Nos ayuda mucho si con dos semanas de antelación los organizadores nos envían la documentación, glosario o vocabulario del que dispongan sobre el tema’, señala Garzón. Todo ese bagaje permitirá que el intermediario consiga el anonimato que reivindica Hernández-Saseta: ‘El mejor intérprete es el que no se nota’. Y el mejor orador, el que no obliga a su traductor a improvisar refranes sobre vasos que rebosan. Una imagen, por cierto, que en inglés evoca el lomo de un rumiante con joroba: ‘The straw that broke the camel’s back’. Nada que ver con la gota.
‘Hace falta la complicidad del cliente’
‘La interpretación es una relación de mutua confianza’, subraya Javier Hernández-Saseta, intérprete de la Comisión Europea. ‘Hace falta la complicidad del cliente’. Para crearla, advierten los especialistas, resulta imprescindible el contacto visual entre el intérprete y su cliente durante el proceso de traducción. Pero los intérpretes también agradecen conocer en persona a quienes utilizan sus servicios, para saber con exactitud sus necesidades.

vía: CincoDías

Fidel homenajea a sus intérpretes

Ayer jueves, el órgano oficial del comité central del partido comunista de Cuba publicaba una noticia sobre el homenaje que el Equipo de Servicios de Traductores e Intérpretes del Consejo de Estado (ESTI) rendía a traductores e intérpretes:

El Equipo de Servicios de Traductores e Interpretes del Consejo de Estado (ESTI), celebró hoy su aniversario 35 en el Palacio de Convenciones de La Habana, donde rindieron homenaje a trabajadores destacados de la institución.
Carlos Lage Dávila, vicepresidente del Consejo de Estado, estuvo presente en la entrega de los premios ESTI, que correspondieron a Mania Domínguez, de idioma chino, en interpretación bilateral, y en traducción a José Armando Pichel Colmenero, de ruso.
Francis Marie Martínez, obtuvo el lauro de interpretación simultánea, y el galardón Juan Ortega Gatell, por la obra de la vida, lo obtuvo Juana Vera García, fiel exponente de la escuela cubana de interpretación.
Durante el acto distinguieron la labor de ese colectivo, integrado por 150 traductores de 18 idiomas, quienes han cumplido tareas de máxima prioridad, como el quehacer con más de 700 delegaciones foráneas de alto nivel.
Igualmente, trabajó en unos 700 eventos nacionales e internacionales, realiza traducciones en línea para los medios de prensa, de los discursos de los principales líderes de la Revolución, las reflexiones de Fidel y las mesas redondas que se efectúan diariamente, además de los viajes con delegaciones cubanas y médicos internacionalistas.
La Universidad de La Habana entregó la placa conmemorativa 280 aniversario de ese centro de estudios, al colectivo de traductores e intérpretes, por su labor formadora.

vía: Diario Granma